CIUDAD DE MEXICO (AP) — Al recoger su premio a mejor actor de cuadro por “La 4ª compañía”, Hernán Mendoza dijo alegremente: “No he visto la película, pero supongo que estuvo bien”. No fue el único en la sala que no la había visto y tampoco lo será por meses: la ganadora de 10 premios Ariel, incluyendo a mejor película, apenas se estrena a finales de año y aún no se sabe en qué fecha.

“La 4ª compañía” causó revuelo al sumar 20 nominaciones al máximo premio del cine mexicano y confirmó su encanto ante los miembros de la academia local con reconocimientos también para su protagonista Adrián Ladrón (en un empate con José Carlos Ruiz de “Almacenados”), así como en los apartados técnicos de edición, sonido (empate con “Tempestad”), música original, dirección de arte, vestuario, maquillaje, efectos especiales y efectos visuales.

Se estrenó en el 2016 en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, donde se llevó el honor al mejor actor iberoamericano, el premio especial del jurado y la recomendación para los Globos de Oro, y donde se le abrieron las puertas para el Ariel, que a diferencia del Oscar hollywoodense no exige que una película se haya exhibido en salas comerciales, sino que también permite que lo haga en festivales.

Sus realizadores originalmente pensaron estrenarla antes de los premios, que se entregaron el 11 de julio, pero prefirieron correr la fecha para finales del 2017.

“Hemos buscado que la película cubra la parte de desarrollo, producción y postproducción en los mejores términos, y de la misma manera procuramos que las condiciones de exhibición sean las mejores porque uno cuando hace cine, hace cine para que la gente lo vea”, dijo Mitzi Vanessa Arreola, quien dirigió el filme con Amir Galván, en una entrevista reciente con The Associated Press.

Basada en hechos reales “La 4ª compañía” recrea la historia de Los Perros, un equipo de fútbol americano integrado por presos que eran liberados de sus celdas de noche para salir a robar autos. Galván, al aceptar el Ariel a la mejor película, agradeció el apoyo tras 10 años de trabajo para el filme.

“La esencia de la historia es absolutamente real, lo que cuenta la historia en su conjunto no tiene mentiras”, dijo Arreola.

La cinta de drama se filmó en la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla, ubicada al oriente de la Ciudad de México.

“Tomamos la decisión de que esta historia se tenía que filmar en el lugar en el que había ocurrido”, dijo la codirectora. “Y queríamos hacer parte de nuestro equipo incluso a la propia población interna, queríamos que fueran el rostro de alguna manera de esta historia junto con todos nuestros actores”.

Arreola y Galván conocieron esta historia gracias a un exreo de Santa Martha que Galván había retratado en su cortometraje documental “Lo que quedó de Pancho”, y que en la película es llamado Zambrano y es interpretado por Ladrón.

“Sentimos que era atractivo contarlo a partir de ese punto de vista porque la historia también es un relato de la pérdida de la inocencia, es un hilo conductor que va encaminándote a conocer la cárcel”, dijo Galván.

“Así nos sorprendió la historia a nosotros mismos y así sentimos que le podía sorprender al espectador”, añadió Arreola.

El preso, que tenía problemas de adicciones, está desaparecido desde el 2009.

“Como al propio Zambrano en este personaje la cárcel le pasó encima como un tren”, dijo Arreola. “Cuando empieza a hacer más ruido esta película y no tenemos noticia de él, sentimos que pudo haber pasado lo peor porque creemos que se habría reportado como solía hacerlo en otros momentos”.

Para realizar la película, Galván y Arreola impartieron diversos talleres de cine en Santa Martha de tal manera que durante el rodaje los presos pudieran integrarse al equipo de producción como extras o técnicos. Esta actividad fue tomada en cuenta como trabajo penitenciario por las autoridades.

“Si bien (la cinta) habla de un pasaje oscuro en la historia de las cárceles que puede ser muy vigente, también en sí misma es una muestra de que se puede canalizar todo el potencial de una prisión y toda la buena voluntad que puede existir entre autoridades e internos para efectos creativos, del cual el resultado más contundente es la película misma”, señaló Arreola, quien escribió y reescribió el guion durante su trabajo con los internos.

Tras obtener el permiso de las autoridades, las cinco semanas de rodaje en la prisión tuvieron saldo blanco. Hasta 400 internos participaron en las secuencias más numerosas y hasta se recreó una fuga en un helicóptero. Sin embargo, la producción se tuvo que hacer en 2010 y 2012 tras una pausa de un año y medio, pues el actor Carlos Valencia (El Tripas) estuvo en un coma inducido por una neumonía.

“Fue un periodo bastante difícil para nosotros”, dijo Arreola. “En tanto él recuperó la salud, volvió a caminar, volvió a aprender a hablar, nosotros pudimos recuperar los capitales que se esfumaron en ese momento crítico de la película y pudimos otra vez coordinar las agendas de los actores y del equipo”.

Para conseguir a su protagonista, realizaron un casting en el que consideraron a más de 300 actores y un taller de tres meses en el que un grupo de actores preseleccionados trabajaron con los internos. Una vez elegido Ladrón, éste tuvo que pasar por un entrenamiento de fútbol americano con el resto del elenco y ejercitarse con un entrenador personal para ponerse en la forma adecuada.

“Adrián es un actor profundamente entregado y tomó muy en serio su compromiso con Zambrano”, dijo Arreola.

Mendoza, por su parte, da la imagen de un tacleador nato con su altura y corpulencia. “Sabe bien cómo mentir para engañarnos a todos”, dijo la directora. “Nos engañaba perfectamente para mostrar que era muy diestro en el fútbol americano”.

La cinta pasó cinco años en postproducción en gran parte por sus efectos visuales. Su edición tardó un año y medio y el diseño de sonido seis meses.

“Íbamos de a poco porque naturalmente uno llega a esta parte de la posproducción con la lengua de fuera y las bolsas de los pantalones de fuera tratando de encontrar un peso más”, dijo con humor Arreola.

“Quizá es la película que nadie ha visto”, añadió. “Me encantaría que la frase se complete con ‘es la película que todos quieren ver’”.