EL CAIRO (AP) — Días después del ataque terrorista más grave de la historia moderna de Egipto, el presidente Abdel-Fattah el-Sissi el miércoles dio plazo de tres meses a las fuerzas de seguridad para imponer la “seguridad y estabilidad” en el Sinaí, centro de una insurgencia islámica brutal.

En una ceremonia televisada en ocasión del cumpleaños del profeta Mahoma, el-Sissi autorizó a su jefe de Estado Mayor, general Mohammed Farid Hegazy, a usar “toda la fuerza bruta” contra los milicianos.

Con este discurso, el mandatario dio una muestra muy pública de que tomará nuevas medidas tras el ataque del viernes pasado a los feligreses en una mezquita en el Sinaí. Pero también significa un riesgo para el-Sissi. En el discurso no dio indicios de lo que sucederá si las fuerzas armadas no logran derrotar en tres meses a los milicianos que libran una batalla contra sus fuerzas desde hace más de tres años.

El llamado a usar la “fuerza bruta”, reiterado varias veces desde el ataque, parece indicar que las fuerzas armadas podrían recurrir a la táctica de tierra arrasada que reclaman muchos en la prensa leal al presidente.

Durante la ceremonia, el jefe del Estado Mayor militar se puso de pie y se cuadró mientras el-Sissi se dirigía a él.

“Le doy la orden al mayor general Mohammed Farid Hegazy frente a ustedes y todo el pueblo egipcio de restaurar la seguridad y la estabilidad en el Sinaí”, dijo el presidente. “Con la benevolencia de Dios y sus esfuerzos y sacrificios, usted y la policía restaurarán la seguridad y emplearán toda la fuerza bruta, toda la fuerza bruta”.

No estaba claro de inmediato qué más podían hacer las fuerzas armadas y de seguridad para aplastar la insurgencia.

Se han enviado tanques, vehículos de combate, aviones caza, buques de guerra y helicópteros artillados junto con decenas de miles de efectivos para combatir a los extremistas en tres años de conflicto. El estado de emergencia rige en el norte del Sinaí desde años y las fuerzas de seguridad han evacuado las zonas adyacentes a la frontera con Gaza, arrasando viviendas y campos de cultivo. Han destruido con explosivos los túneles subterráneos que las autoridades creen que usan los yihadistas para introducir armas y combatientes desde la vecina Gaza, gobernada por la milicia palestina Hamas.

El ataque a la mezquita en la aldea de al-Rawdah, el más mortífero de los extremistas islámicos contra civiles de la historia moderna de Egipto, dejó 3095 muertos, incluidos 27 niños, y 128 heridos.

El grupo Estado Islámico no se hizo responsable del ataque, pero los milicianos que lo perpetraron portaban su bandera negra.