BEIRUT (AP) — Aviones de guerra del gobierno sirio apoyados por Rusia continuaron el viernes por sexto día su bombardeo implacable a los suburbios orientales de Damasco controlados por los rebeldes, matando a nueve personas, reportó un monitor de la guerra y activistas de la oposición. El número de muertos de la semana pasada ascendió a más de 400.

La nueva ola de bombardeos se produjo un día después de que el ejército sirio lanzara panfletos sobre los suburbios orientales de la capital que están en poder de los rebeldes, pidiendo a los residentes que se retiraran por su propia seguridad e instando a los combatientes de la oposición a que se entregaran. Los volantes, lanzados por helicópteros sobre la zona conocida como Ghouta oriental, advirtieron a los residentes que el ejército sirio los tenía completamente rodeados.

El creciente número de víctimas abruma a los socorristas y médicos en los hospitales, muchos de los cuales también han sido bombardeados. Un día antes, varios líderes mundiales pidieron un alto del fuego urgente en Siria para permitir a los organismos de socorro entregar ayuda y evacuar a los enfermos y heridos de las zonas asediadas.

Sin embargo, el embajador ruso ante la ONU, Vassily Nebenzia, quien convocó a la reunión del jueves, presentó enmiendas de última hora, diciendo que la resolución propuesta era "simplemente poco realista". Se programó una nueva votación que probablemente se realice el viernes por la tarde.

Por su parte, el grupo humanitario Human Rights Watch denunció el viernes que Turquía no tomó las precauciones necesarias para evitar víctimas entre la población civil en su ofensiva en el norte de Siria.

La organización con sede en Nueva York citó tres ataques en la región de Afrin a finales de enero en los que dijo que fallecieron un total de 26 civiles, de los que 17 eran menores.

HRW instó a Ankara a investigar minuciosamente estas operaciones y a hacer públicas sus conclusiones.

Turquía lanzó una ofensiva aérea y terrestre sobre la región, controlada por kurdos, el 20 de enero. Su objetivo es expulsar de Afrin a una milicia siria kurda a la que considera filial de los ilegalizados rebeldes kurdos que libran una insurgencia en suelo turco.

Hasta el momento, la operación se cobró la vida de unos 120 civiles, según varias estimaciones. Ankara niega haber alcanzado a civiles.