BUENOS AIRES (AP) — El gobierno argentino anunció el viernes el cuarto aumento del año en los pasajes de transporte público de pasajeros con el propósito de reducir los subsidios en el marco del plan de ajuste de gasto público acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero con el riesgo de poner más presión sobre la inflación que acumula 16% en 2018.

El ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, dijo en conferencia de prensa que la tarifa mínima de autobuses y ferrocarriles aumentarán en promedio 30% a partir del 15 de agosto.

Las subas, escalonadas hasta octubre, impactarán sobre todo en el poder adquisitivo de los sectores más populares, ya castigados por una inflación que en junio fue 3,7% mayor respecto a mayo, la más alta de los dos últimos años. Se pronostica que en 2018 superará 30%.

“Si hubiera habido otra alternativa, no tengan dudas que la eligiéramos porque sabemos que cada peso importa en bolsillo de personas”, admitió Dietrich. “Hacer esto aunque cueste es también cuidar y pensar en largo plazo. Tenemos que trabajar todos los días por un mejor sistema de transporte, para que viajar no sea un problema sino una solución”.

Para que el aumento afecte lo menos posible a los sectores más empobrecidos, el gobierno llevó a 55% el descuento por tarifa social para beneficiarios de planes sociales.

Pese a lo impopular de la medida, el aumento en el transporte apunta a reducir los subsidios para equilibrar las cuentas fiscales.

Según Dietrich, el Estado tiene presupuestados unos 60.000 millones de pesos (2.142 millones de dólares) para este año en subsidios a empresas de transporte y por combustibles.

La reducción de estos desembolsos es esencial para que el gobierno pueda cumplir con la meta de déficit fiscal primario del 2,7% para este año y del 1,3% en 2019, tal cual lo comprometido con el FMI para una ayuda de 50.000 millones de dólares luego de la crisis cambiaria de mayo, cuando el peso se devaluó más de 20%.