BEIRUT (AP) — Durante casi tres años, gran cantidad de autobuses han ingresado a la provincia siria de Idlib para llevar a los evacuados de otros bastiones de la oposición que cayeron ante las fuerzas gubernamentales: miles de combatientes rebeldes derrotados, activistas prófugos y civiles que se negaban a estar de nuevo bajo el gobierno del presidente Bashar Assad.

Ahora enfrentan el que probablemente será el choque final entre las fuerzas de Assad y la oposición. El mandatario ha prometido que recuperará la provincia, y los medios de comunicación pro gubernamentales prometen que será “la madre de todas las batallas”.

Si resulta ser un ataque total, podría traer consigo una crisis humanitaria.

Al estar llena de desplazados de otras partes, la provincia en el extremo noroccidental de Siria alberga a unas tres millones de personas, muchas de ellas profundamente irreconciliables con el gobierno de Assad, e incluyendo a algunos de los extremistas más radicales del mundo. Tienen pocas opciones salvo resistir, pues hay pocos sitios adecuados a dónde escapar.

“En la actualidad, toda (la oposición) de Siria se vino a Idlib. La única solución es pelear. No hay alternativa”, dijo Firas Barakat, de 28 años, quien reside en la provincia. Indicó que durante años se dedicó a actividades civiles de oposición, pero ahora debe tomar las armas.

La captura de Idlib por parte de la oposición en 2015 representó el punto más bajo para el gobierno de Assad durante una guerra que estalló hace ya casi 8 años. Ese año los rebeldes controlaban amplias zonas de dos importantes ciudades de Siria, las principales carreteras, cruces fronterizos, represas y recursos petroleros.

El respaldo ruso e iraní les permitió a las fuerzas armadas de Assad recuperar territorio. Recientemente el mandatario se apuntó una victoria con fuerte resonancia simbólica en el sur, donde recapturó Dará, una de las primeras ciudades en levantarse contra el gobierno en 2011.

Aproximadamente una tercera parte de Siria sigue fuera del control del gobierno en el norte y el este, y es dominada principalmente por fuerzas encabezadas por los kurdos y respaldadas por Estados Unidos que expulsaron al grupo Estado Islámico. Pero Idlib se yergue como el último bastión significativo de la oposición armada que se rebeló para derrocar a Assad.

“Cuando vimos el desplome de la resistencia en el sur _y pensábamos que nunca cedería, dado que fue la primera en resistirse al gobierno_, el miedo realmente cundió aquí”, dijo Barakat.

Estrujada, la oposición está desesperada. Pero sus fuerzas no son pequeñas, y su territorio no es reducido ni cerrado como lo eran otros bastiones opositores. Eso presagia una batalla compleja y difícil.

Se calcula que hay varias decenas de miles de combatientes en Idlib, incluidos miles de extremistas de grupos vinculados con Al Qaeda y de la minoría uigur china de lengua túrquica, todos ellos experimentados en combate.

Aunque el grupo vinculado con Al Qaeda es el que domina, otras facciones no yihadistas han mantenido su presencia, incluidas algunas de las fuerzas que primero tomaron las armas contra Assad. Con el respaldo de Turquía han formado un “Frente de Liberación Nacional”, el cual excluye a Al Qaeda.

El área controlada por la oposición hace frontera con Turquía por el norte y el oeste. Aunque el gobierno turco ha erigido un muro, sigue siendo poroso y los combatientes gozan de una línea de suministros. El muro podría verse rebasado si se produce un éxodo masivo desde Idlib.

Hacia el este se encuentra un enclave controlado por combatientes sirios respaldados por Ankara, una posible ruta de escape para cualquiera que intente huir, aunque ya se ha visto abrumada por los desplazados.

La intensidad de la ofensiva depende de las maniobras diplomáticas entre las naciones participantes, en especial Rusia, la cual parece renuente a que se lance un ataque total.

Moscú hace malabares entre su antiguo aliado Siria y Turquía, su nuevo amigo, que se ha convertido en crucial para el proceso político que el Kremlin encabeza en un intento por solucionar el conflicto.

Assad promete que toda Siria volverá a estar bajo su control. Por su parte, Turquía teme que una ofensiva desatará un enorme flujo de refugiados _y de extremistas_ hacia su frontera.

Rusia ya ha dicho que no se espera una ofensiva de amplio alcance. Eso ha generado conjeturas de que se llevará a cabo una operación limitada para controlar Jisr al-Shughur, una localidad estratégica dominada por la oposición, o la carretera principal que pasa por Idlib.