CIUDAD DE MEXICO (AP) — María vive, como muchos mexicanos, en una dieta eterna de jugos de frutas y verduras de día, y atracones compulsivos por la noche. Para Laura Esquivel la protagonista de su más reciente novela, “Mi negro pasado”, representa la falta de vínculos con los ancestros, la cocina y las tradiciones que mucha gente vive hoy.

“Es ese espejito de olvido, de desconexión en todos los sentidos”, dijo Esquivel a The Associated Press en una entrevista reciente en su casa en el barrio de Coyoacán, en la Ciudad de México.

Por si fuera poco María acaba de dar a luz y se siente fatal con su imagen.

“¡Dejen de identificarse tanto con el cuerpo! ¡Todas somos más que un cuerpo!”, señaló Esquivel sobre la presión que enfrentan mujeres como su protagonista. “Lo que en verdad somos no tiene manifestación física, pero eso que sí somos, cuando lo expresamos, cuando lo dejamos salir libremente, la gente lo percibe. ... María lo tiene también y no se ha dado cuenta”.

La casa de Esquivel hace honor al universo de “Como agua para chocolate”, la historia de amor y cocina que completan “El diario de Tita” y “Mi negro pasado”, éste último publicado en noviembre por la editorial Suma de Letras. De estilo neocolonial, tiene enormes libreros, azulejos, mesas y sillas de delicadas maderas, así como un patio con una estufa para cocinar con leña adornada con cazuelas de barro que cuelgan de la pared.

Hace frío, así que la autora prefiere quedarse adentro, en el comedor, para platicar con un café sobre María, la tátara sobrina-nieta de la heroína de “Como agua para chocolate”, Tita.

María y su esposo son mestizos, como la mayoría de los mexicanos, pero su bebé es negro y esto desata dudas de infidelidad, así como el rechazo racial de los propios miembros de la familia de María.

“Eso es impresionante, no lo registran”, dijo Esquivel sobre el arraigado problema del racismo en México que se refleja con el hijo de María. “Para mí era muy importante hablar de la esclavitud, de lo que pasa en el país, de lo que sucede en una familia cuando nace un niño de raza negra que viene a iluminar, viene a dar toda la luz del mundo a esa familia”.

La madre de María muere y en medio de una pelea con su hermana en el funeral, ella tiene un reencuentro con su abuela, Lucía, a quien no ha visto en años. Lucía no está dispuesta a tolerar el maltrato al hijo de su nieta y así es como María termina refugiándose en el rancho de la abuela, cerca de la ciudad de Piedras Negras, en el norteño estado de Coahuila. Es el mismo rancho donde Tita cocinaba sus recetas fabulosas y donde vivió su historia de amor prohibido con su cuñado Pedro.

Con el paso de los días queda claro que Lucía no es una abuela convencional ni conservadora: tiene una maestría en química, un amplio conocimiento de herbolaria y una exitosa empresa de productos ecológicos. Llega incluso a ser más directa y abierta a la sensualidad que María.

“Cuando son viejitos tienden a santificarlos y a pensar que nunca hicieron el amor. ¡No, no compañeros! ¡No fue así!”, dijo Esquivel sobre Lucía. “Mi familia está llena de ejemplos de mujeres fuertes: mi mamá era del norte, ... era una mujer muy alegre, muy vital, una personalidad que llegaba e impactaba y yo quería que fuera un poco así esta mujer”.

Lucía vive feliz sin internet hasta que su nieta le enseña que puede escuchar música difícil de encontrar a través de la red, y corre a conectar el rancho.

Esquivel añora la no dependencia a las redes. Cuando nació no había televisión y su padre era telegrafista. Ahora mira con recelo la cantidad de información que controlan las empresas detrás de las aplicaciones: “Estás viendo lo que alguien está decidiendo que veas; no estás viendo por ti, escuchas lo que alguien está decidiendo”, dijo.

“Creo que nuestra labor es responsabilizarnos y tratar de ir buscando la libertad, no caer en el dominio por la comodidad que ofrece el mundo de la tecnología”, añadió. “Creo que tenemos que ver un poquito más allá quién está atrás y qué es lo que está pasando y cómo sí podemos usar (la tecnología) de una manera súper correcta y dónde tenemos que estar alertas de ese dominio total”.

Nosotros “somos un celular viviente mucho más poderoso, pero estamos sentados”.

“Como agua para chocolate” se publicó en 1989 y se convirtió en una novela popular por su combinación de un tortuoso romance y los secretos culinarios que atraparon la imaginación del gran público. Años después, en 1992, la obra fue llevada al cine por el exesposo de Esquivel, Alfonso Arau, en una película igualmente exitosa en taquilla.

Esquivel no volvió a tocar la historia hasta años después, y en 2016 publicó “El diario de Tita”. El diario, que incluye capítulos desconocidos de la vida de la protagonista, es una de las pocas pertenencias que sobreviven en el rancho de la familia tras su incendio al final de “Como agua para chocolate”.

“No quiero abrir la boca. Después de ‘Como agua’ nunca la quise volver a tocar, yo creí que ya había hecho todo y no, mira todo lo que no se había dicho”, dijo Esquivel al preguntarle si podría haber más libros de esta saga. “Por el momento digo que termina la trilogía, pero ya no digo nada más”.