PAMPLONA, España (AP) — Los temas sobre abuso sexual y crueldad animal están predominando este año en las fiestas de San Fermín, que comenzaron el viernes en Pamplona y que continuarán durante nueve días y ocho noches de alcohol y celebración ininterrumpida, tradiciones y peligrosos encierros con toros de lidia.

No es una crisis de identidad completa, pero el festival en el norte de España _popularizado por el novelista estadounidense Ernest Hemingway y considerado por los críticos como un terreno de demostración para machos con antecedentes violentos_ se está adaptando lentamente a la conciencia social traída por una nueva generación.

Los abusos sexuales reportados durante las fiestas han pasado de dos en 2008 _el año en el que una mujer local fue asesinada después de que se negó a tener relaciones sexuales con su atacante_, a 20 en 2016, cuando cinco hombres acorralaron a una chica de 18 años, se videograbaron teniendo sexo con ella y la abandonaron después de robarle su celular. La cifra, tomada de un estudio de la Universidad Pública de Navarra, aumentó a 22 el año pasado en medio del creciente repudio público.

“Me niego a que mi ciudad solo sea abusos sexuales y tortura de animales”, dijo Jana Uriz, de 32 años, una activista local por los derechos de los animales y una de las personas que exigen un festival “libre de agresiones sexuales”.

Las autoridades han podido identificar a los sospechosos en un 95% de los incidentes en Pamplona, donde el caso de 2016, conocido como de “La manada” _por el nombre del grupo de WhatsApp que los perpetradores usaron para compartir los videos del abuso_, marcó el giro que desató el movimiento #MeToo de España.

La indignación llevó a protestas en las calles después de que una corte de la provincia libró a los cinco hombres de los cargos por violación y los sentenció a nueve años en prisión por el cargo menor de abuso sexual. El gobierno inició una revisión de las sentencias por abuso, pero cuando los hombres quedaron libres tras pagar una fianza el mes pasado mientras se decide su apelación, las multitudes enfurecidas volvieron a las calles.

Las autoridades en Pamplona respondieron mejorando la manera en que atienden a las víctimas y la vigilancia policial, capacitando a su personal e implementando líneas de ayuda las 24 horas y una nueva aplicación que permite reportar presuntos abusos en tiempo real, incluida la ubicación de las víctimas.

Pero para algunos activistas las medidas son insuficientes.

Naia Mira, de 22 años, era una de las cientos de mujeres, la mayoría veinteañeras, que marcharon en Pamplona el miércoles por la noche con carteles que denunciaban lo que denominan como un patriarcado que permea todos los niveles de la vida en España.

“Estamos aquí para decir que el miedo tiene que cambiar de lado”, dijo Mira, quien agregó que la falta de confianza en el sistema judicial ha llevado a algunas feministas a buscar más “autodefensa”.

El alcalde izquierdista de la ciudad, Joseba Asirón, dijo que “la ciudadanía de Pamplona se ha puesto a la cabeza de la lucha contra las agresiones sexistas", mientras que las autoridades aseguran a los visitantes que el festival es seguro para hombres y mujeres.

Asirón, un historiador de 56 años cuyo periodo termina a principios del próximo año, también fue criticado antes de la feria de este año al cuestionar el futuro de las corridas de toros, una tradición en el centro de las fiestas de Pamplona.

“No contemplo unos sanfermines sin encierros (las carreras con los toros), pero sí sin corridas”, dijo.

Estas declaraciones hicieron que los criadores de toros respondieran molestos que, sin las corridas, Asirón se podría olvidar de los encierros. La Fundación Toro de Lidia, que agrupa comercios relacionados con los toros y aficionados, afirmó que este sector económico genera 74 millones de euros (86,5 millones de dólares) anuales para la ciudad.

Seis toros corren 875 metros (930 yardas) hasta llegar a la plaza de toros de Pamplona, donde suelen ser sacrificados en corridas transmitidas por televisión durante ocho tardes consecutivas. Los propietarios de los balcones privados desde donde se puede ver la acción les cobran a los espectadores unos 140 euros (164 dólares) por persona para ver a los toros y a los corredores pasando por las antiguas calles de la ciudad.

“No hay forma de preservar los encierros sin tener que sacrificar a los toros en la plaza”, dijo Juan Cuesta, un residente de Pamplona de 55 años que miraba el jueves mientras 100 activistas por los derechos de los animales protestaban contra el festival.

“Respeto todas las opiniones porque soy un demócrata, pero esto es un debate que no tiene que venir de los políticos, se tiene que dar a un nivel social. Yo ahora mismo no veo que haya una mayoría suficiente en Pamplona dispuesta a sacrificar el ADN de los sanfermines”, afirmó.

Las protestas anuales por los derechos de los animales realizadas en la víspera del festival solían pasar desapercibidas en Pamplona, pero los activistas dicen que cada vez más locales, especialmente jóvenes, se han sumado a sus campañas en años recientes a medida que surgen prohibiciones parciales a las corridas de toros en decenas de ciudades españolas.

Ya que la Constitución del país protege las corridas por considerarlas parte de la herencia cultural de la nación, las nuevas regulaciones suelen intentar convertirlas en espectáculos libres de sangre, en los que se prohíbe cualquier tormento al toro. También prohíben el consumo de alcohol y la entrada a menores de edad, además de incluir pruebas de dopaje para los animales y los matadores.

“La idea es hacer las corridas tan aburridas como sea posible al hacer que sean cada vez menos atractivas para los promotores de manera que un día simplemente desaparezcan”, dijo Teodora Zgimblea, activista de la organización por los derechos de los animales PETA.

Con el debate todavía en ciernes, no está claro si el festival podrá sobrevivir sin su símbolo más icónico. En el pasado, estas fiestas en honor a San Fermín han enfrentado exhortaciones anteriores al boicot. Ahora los mismos grupos animalistas no se atreven a sugerir boicotear a Pamplona porque, de acuerdo con Uriz, necesitan ir paso a paso.

El festival ha tomado una posición firme contra el abuso sexual. Cuando grupos feministas nacionales pidieron a los asistentes a la fiesta inaugural de la feria que se vistieran de negro para protestar, los grupos locales de feministas se negaron bajo el argumento de que han peleado contra el abuso sexual por décadas y decidirían esos asuntos por su cuenta.

“Mañana yo iré con mi ropa blanca y mi pañuelico rojo”, dijo Uriz. “Tenemos que hacer protestas, movilizaciones para propiciar un cambio de pensamiento, y actitudes, pero yo no voy a cambiar mis fiestas”.