WASHINGTON (AP) — Tomando la ofensiva en materia de comercio exterior, el presidente Donald Trump declaró el jueves que Estados Unidos impondrá fuertes aranceles a las importaciones de acero y aluminio, lo que incrementa las tensiones con China y otros socios comerciales y eleva las posibilidades de que los consumidores y las compañías estadounidenses tengan que pagar precios más elevados.

Con una “guerra comercial” en el aire, las acciones cerraron con un fuerte descenso en Wall Street.

Tras un intenso debate interno en la Casa Blanca, Trump dijo que es crucial tomar medidas firmes para proteger a la industria estadounidense de la competencia desleal y para fortalecer la seguridad nacional. El anuncio atrajo duras críticas de algunos republicanos y sacudió los mercados financieros con preocupaciones sobre las ramificaciones económicas de esta decisión.

En el extranjero, las palabras de Trump recibieron una dura respuesta de Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea. Aunque el mandatario suele enfocarse en China cuando se queja de abusos en el comercio internacional, fue Juncker quien describió el plan arancelario como “una intervención flagrante para proteger a la industria interna estadounidense”.

Juncker advirtió que la UE aplicará represalias si Trump cumple su palabra.

Canadá, la mayor fuente de importaciones de acero y aluminio para Estados Unidos, dijo que tomará “medidas en respuesta” para defender sus intereses comerciales y a sus trabajadores si se imponen restricciones a este tipo de productos canadienses.

Trump, que desde hace tiempo protesta por lo que dice son prácticas comerciales injustas de parte de China y de otros países, convocó a ejecutivos del acero y del aluminio a la Casa Blanca y dijo que la próxima semana aplicará aranceles del 25% al acero importado y del 10% a las importaciones de aluminio. Los aranceles, señaló, permanecerán “un largo período”, pero hasta el momento se desconoce si ciertos socios comerciales estarán exentos de ellos.

“Lo que se ha permitido que continúe durante décadas es vergonzoso. Es vergonzoso”, les dijo Trump a los ejecutivos en el Salón del Gabinete. “Cuando llegue el momento en el que nuestro país no pueda fabricar aluminio y acero... no quedará gran cosa del país”.

“Ustedes tendrán protección por primera vez en largo tiempo, y van a hacer crecer de nuevo sus industrias. Eso es todo lo que pido. Ustedes tienen que hacer crecer de nuevo sus industrias”, agregó.

La creciente producción extranjera de estas materias primas, en especial por parte de China, ha hecho bajar los precios y ha afectado a los productores estadounidenses, lo cual ha creado una situación que el Departamento de Comercio considera una amenaza a la seguridad nacional.

Sin embargo, los críticos advirtieron sobre la posibilidad de que surja una guerra comercial, e insinuaron que otros países aplicarán represalias o utilizarán la seguridad nacional como una razón para imponer sus propias penalizaciones comerciales.

La medida de Trump probablemente hará que los precios del acero y del aluminio suban en Estados Unidos, lo cual es bueno para los fabricantes estadounidenses. Pero es malo para las compañías que utilizan esos metales, y generó quejas provenientes de diversos tipos de industrias, desde los fabricantes de herramientas y tintes hasta los distribuidores de cervezas y los fabricantes de aparatos de aire acondicionado. La Asociación Estadounidense de Distribuidores de Automóviles Internacionales advirtió que provocará un alza “sustancial” en los precios.

“Esto va a tener consecuencias sobre nuestros proveedores en la cadena de suministro, en especial en los sectores automotriz, de maquinaria y de aeronaves”, dijo Wendy Cutler, ex funcionaria comercial estadounidense que en la actualidad se desempeña como vicepresidenta del Instituto de Políticas de la Sociedad de Asia. “Lo que beneficia a una industria puede lastimar a otra. Lo que salva un puesto de trabajo puede poner otro en riesgo”.

Las empresas que utilizan acero dijeron que los aranceles a esta aleación impuestos en 2002 por el presidente George W. Bush acabaron con 200.000 empleos en Estados Unidos.

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Los periodistas de The Associated Press Lolita C. Baldor, Zeke Miller, Darlene Superville, Tom Krisher y Kevin Freking contribuyeron a este despacho.

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