TORONTO (AP) — Nada hizo pensar que ingresaron por la fuerza una fría mañana de diciembre a la casa de un magnate canadiense y su esposa que fueron hallados muertos en su mansión, aparentemente colgando de una baranda junto a una piscina bajo techo.

Los investigadores revisaron de arriba abajo la vivienda de 1.115 metros cuadrados (12.000 pies cuadrados), se llevaron los autos de la pareja e inspeccionaron incluso las cloacas de uno de los barrios más exclusivos de Toronto en busca de pistas. Pero la policía no hizo arrestos ni habló de sospechosos, y tampoco ha dicho prácticamente nada en público sobre las muertes del fundador de una empresa farmacéutica Barry Sherman y su esposa Honey.

Sherman fue un empresario muy combativo, que alguna vez comentó que un rival podría tratar de matarlo. El día en que fueron encontrados los cadáveres, varios medios de prensa, incluido el Toronto Star, atribuyeron a policías no identificados haber dicho que parecía un asesinato seguido de un suicidio. Pero esa teoría, que nunca fue confirmada por las autoridades, fue descartada de inmediato por gente que conocía a esta pareja, según la cual sería impensable que diesen ese paso.

Esa posibilidad fue descartada asimismo por los cuatro hijos adultos de la pareja, que contrataron su propio investigador y un patólogo para que hiciese una segunda autopsia de los cadáveres. La pareja fue asesinada cuando se disponía a viajar de vacaciones a Palm Beach, en la Florida.

“Nadie apoya la teoría del asesinato y suicidio, o de un doble suicidio”, afirmó Brian Greenspan, abogado de la familia. “Para todos los que los conocieron, eso es inconcebible”.

La policía de Toronto, que la familia tildó de “irresponsable” por soltar inicialmente la versión de que pudo tratarse de un asesinato y suicidio, no ha vuelto a hacer comentarios públicos. Se limitó a decir que las muertes resultaban “sospechosas”.

El Star, citando expertos no identificados contratados por la familia, dijo el viernes que la pareja había sido atada a la baranda con cinturones de hombre y había muerto asfixiada. Agregó que tenían marcas en las muñecas que indicarían que habían sido maniatados. Lucían ropa de invierno que había sido bajada hasta los hombros, probablemente para impedirles los movimientos, y no se hallaron drogas en sus cuerpos que hubieran podido causar las muertes. Greenspan se abstuvo de confirmar el informe.

Citando fuentes no identificadas, la Canadian Broadcasting Corp. dijo que los investigadores privados de la familia creían que los Sherman fueron asesinados por varias personas, pero no ofrecieron pruebas. Esos investigadores no ingresaron a la vivienda, que está clausurada por las autoridades.

Sherman, de 75 años, era un empresario agresivo que fundó la compañía farmacéutica Apotex Inc, la cual cuenta con 11.000 empleados en todo el mundo. En el libro del 2001 sobre esa industria “Prescription Games” admitió que tenía enemigos.

“Las empresas de marca nos detestan. Contratan investigadores privados todo el tiempo para ver si nos encuentran algo”, declaró entonces. “Alguna vez pensé, ¿por qué simplemente no contratan alguien para que me mate? Por mil dólares a la persona indicada probablemente pueden conseguir alguien. Me sorprende que no lo hayan hecho”.

La senadora Linda Frum, estrecha amiga de los Sherman, dijo que ahora se puede ver ese comentario desde otra perspectiva. “Para mí eso hace sonar las alarmas”, expresó. “El hecho de que él haya hablado de una posible amenaza a su vida debe ser tomado en serio”.

Sherman estaba siendo demandado por primos que dicen que los dejó afuera de la empresa. Un juez desestimó la demanda unos pocos meses antes de que la pareja fuese hallada muerta.

Egresado de MIT y de la Universidad de Toronto, la ciudad donde nació, Sherman fundó la empresa en 1974. Se casó con Honey en 1971.

La revista Canadian Business estimó hace poco que su patrimonio es de unos 3.650 millones de dólares, lo que lo ubica 15to en la lista de las personas más ricas de Canadá. A medida que hacían fortuna, la pareja se hizo conocida por sus iniciativas filantrópicas. Donaron decenas de millones de dólares a United Jewish Appeal, aportaron dinero a un hospital geriátrico de Toronto y enviaron medicinas a zonas donde hubo desastres. El primer ministro Justin Trudeau asistió a su funeral y Sherman recibirá póstumamente el máximo honor civil que se concede en Canadá este año.

Frank D’Angelo, viejo amigo de Sherman, dijo que el empresario se quejaba de que estaba cansado, algo atribuible al hecho de que trabajaba mucho y no comía bien, pero “nunca estuvo deprimido”.

“Jamás le escuché decir nada al respecto en casi 20 años” de amistad, manifestó.

Honey Sherman, de 70 años, graduada de la Universidad de Toronto, conoció a su esposo trabajando como voluntaria en un hospital. Se pasaba el tiempo recaudando dinero para obras caritativas y era muy activa en la comunidad judía de Toronto. Hace poco fue tratada de un cáncer y sufría una forma avanzada de artritis, pero mantenía una actitud positiva.

Amigos y familiares dicen que la pareja hacía planes para el futuro. Habían puesto a la venta su casa en el equivalente a casi 5,5 millones de dólares y estaban construyéndose una nueva en la ciudad.

“Se querían mucho. Querían mucho la vida”, dijo Frum. “En casi todas las conversaciones que tuve con Barry hablaba de lo mucho que le quedaba por hacer”.

Le molesta el que la policía haya descartado públicamente la teoría de asesinato y suicidio y no haya vuelto a decir nada después de esas filtraciones.

“Ahora se pasan de la raya en el sentido contrario, después de haber hablado demasiado de sus teorías absurdas. Esto es sin duda un ejemplo de cómo no hacer una investigación policial”, sostuvo Frum.

Los cadáveres fueron descubiertos el 15 de diciembre por una mucama y un agente de bienes raíces.

Hoy la vivienda está clausurada y la policía no permite ingresar a ella, ni siquiera a los investigadores privados que contrató la familia.

La policía aparentemente sigue buscando pistas en las calles arboladas del barrio.

“Nos complace que sean puntillosos”, expresó el abogado Greenspan. “No creemos que hayan llegado a conclusión alguna. No quiero entrar en detalles, pero no hay dudas de que nuestro patólogo y nuestros investigadores tienen una teoría”.