BIHAC, Bosnia-Herzegovina (AP) — Hasta hace poco, la gente en Bosnia decía con sarcasmo que su país desgarrado por la guerra estaba en tan malas condiciones que ni siquiera los migrantes que huían de la violencia y la pobreza en el Medio Oriente y África querrían atravesarlo.

Eso ya no es cierto.

A medida que se han cerrado otras rutas de migración a Europa occidental desde los Balcanes, el camino ha torcido hacia Bosnia. Ahora esta nación empobrecida trata de crear refugios para al menos 4.000 personas que se prevé se quedarán varadas en su territorio durante el inminente invierno boreal.

Peter Van der Auweraert, de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), dice que es una carrera contra el tiempo.

“Debemos acelerar el proceso, porque existe el peligro de que al caer las primeras nevadas, habrá gente durmiendo a la intemperie en condiciones que ni siquiera son aceptables en el verano”, dijo.

Desde principios de año, unos 11.000 migrantes y refugiados _comparado con 755 en 2017_ han entrado a Bosnia, que nunca se ha recuperado del todo de la guerra de 1992-1995, con sus más de 100.000 muertos y millones de desplazados.

Las autoridades han acrecentado los controles fronterizos en el límite con Serbia, pero entre 400 y 500 migrantes siguen entrando a Bosnia cada semana.

La mayoría vive en condiciones horribles en la región noroccidental de Krajina, limítrofe con Croacia, que es miembro de la Unión Europea.

Miles permanecen en un edificio abandonado, sin ventanas ni techo, en las afueras de Bihac y en carpas en los bosques circundantes. En Velika Kladusa y Cazin, ciudades vecinas, grupos menores viven en campamentos improvisados donde pasan sus días tendidos en el suelo, cocinando sobre fogatas y contemplando a sus niños que juegan en el polvo.

Voluntarios de la Cruz Roja local sirven dos comidas diarias a 1.500 migrantes, que también reciben atención médica básica.

Aunque la agencia de la ONU para los refugiados y la OIM han sumado sus esfuerzos, los voluntarios locales suplican por más ayuda con desesperación.

Aunque el 60% de los que entraron a Bosnia este año lograron cruzar a Croacia, los migrantes en Bihac y Velika Kladusa acusan a la policía croata de golpearlos, quitarles sus escasas pertenencias y obligarlos a regresar.

Los bosnios, que han pasado por una guerra brutal, simpatizan más que otros con los que huyen de sus países en busca de seguridad. Pero critican a su gobierno nacional de obligar a poblaciones grandes y pequeñas a ocuparse de los migrantes con sus propios recursos.