BOSTON (AP) — La Autoridad del Transporte de la Bahía de Massachusetts anunció que se va a gastar más de 83 millones de dólares en una carrera con el tiempo para preparar para el invierno un envejecido sistema cuyos achaques fueron seriamente expuestos durante una racha sin precedente de nieve y frío la temporada pasada.

Calentadores que se suponía impidiesen la congelación del electrificado tercer raíl se descompusieron y anticuadas barredoras de nieve simplemente no pudieron seguir la pauta al bombardeo invernal. Trabajadores tratando de palear a mano millas y millas de pista se convirtieron en la imagen de futilidad.

El brutal invierno dejó su marca en casi todo el sistema, que incluye trenes subterráneos y suburbanos, autobuses y ferris. Los más afectados fueron los trenes de superficie. Ramas completas del servicio de tránsito en el área de Boston quedaron paralizadas durante semanas y el servicio en la línea de trenes suburbanos quedó interrumpido en ocasiones en 50% o más. Las operaciones no quedaron plenamente restauradas hasta finales de marzo.

Las interrupciones revelaron problemas más profundos en el sistema, causando una restructuración administrativa y contribuyendo al escepticismo público que acabó con la fugaz candidatura de Boston a la sede olímpica del 2024. El recién electo gobernador Charlie Baker convenció a los legisladores a poner fin a la estructura autónoma de gobernanza de la Autoridad de Transporte y nombró su propia junta de control para supervisar el sistema.

Muchos analistas culparon del colapso a la ausencia crónica de inversiones en el quinto mayor sistema ferroviario del país, que incluye el primer túnel de metro — inaugurado en 1897. Las propias cifras de la Autoridad del Transporte apuntan a un retraso en reparaciones necesarias por 7.300 millones de dólares y un déficit operativo anual que pudiera rebasar los 400 millones para el 2020.

Aunque incluso algunos de los críticos más severos del sistema están impresionados con la magnitud del plan de preparación para el invierno, muchos expertos dicen que se trata solamente de una solución temporal.

"No cambia el hecho de que seguimos teniendo equipo ancestral y necesitamos modernizar los sistemas de energía y señalización", dijo Paul Regan, que encabeza una junta asesora que representa los intereses de los 175 pueblos y ciudades servidos por el sistema. "Se descomponen todos los días y ni siquiera ha caído un copo de nieve".

Los trenes más nuevos en la Línea Roja fueron fabricados en 1994 y los más viejos en 1969. La Línea Naranja tiene trenes de 1979. Una compañía china fue comisionada para producir nuevos trenes, pero los primeros llegarán hasta el 2019.