SAN LUIS, Arizona, EE.UU. (AP) — Un preso falleció en los disturbios registrados en un penal del sur de Arizona, donde cientos de presos atacaron a guardas y prendieron fuegos, dijeron el viernes las autoridades.

El Complejo Penitenciario Estatal de Arizona - Yuma, que se encuentra a 321 kilómetros (unas 200 miles) al suroeste de Phoenix en San Luis, permaneció cerrado el viernes y las visitas fueron suspendidas.

El enfrentamiento comenzó el jueves en la noche cuando reos de la unidad Cheyenne atacaron al personal del centro, explicó Andrew Wilder, portavoz del departamento de prisiones.

El incidente derivó en una escena caótica en la que participaron más de 600 presos. Algunos arrojaron piedras, prendieron fuego a los colchones, entre otras cosas, y otros entraron por la fuerza en la enfermería. Los daños incluyeron ventanas rotas; desperfectos en urinarios, lavabos e alarmas de incendios e inundaciones. Las autoridades estaban intentando buscar un alojamiento alternativo para los reos.

Otras fuerzas de seguridad, incluyendo las policías de San Luis y del condado de Yuma, acudieron al penal y la revuelta quedó controlada unas tres horas después.

Adam J. Coppa, de 32 años, sufrió heridas letales durante los disturbios, según explicó el Departamento de Prisiones de Arizona en un comunicado que no aclaró cómo se produjeron las lesiones. Las autoridades investigan lo ocurrido.

Según los registros penitenciarios en internet, Coppa fue sentenciado a tres años de cárcel en 2017 por condenas por posesión de drogas peligrosas y otros delitos. Estaba previsto que saliese en libertad este septiembre.

Los documentos muestran además que Coppa había cometido dos infracciones disciplinarias en los dos últimos meses: rechazó un trabajo y era sospechoso de poseer o elaborar una substancia embriagadora. Sus anteriores abogados no respondieron de inmediato el viernes a un mensaje para realizar comentarios.

Según las autoridades, 26 presos y 11 empleados del penal sufrieron heridas menores o lesiones que no ponían en peligro sus vidas. Todos los trabajadores menos uno regresaron a sus puestos.

En el complejo viven unos 1.147 reos. Los implicados en los disturbios siguen encerrados en recintos habilitados en un patio, donde reciben comida, agua, mantas, medicación y tienen acceso a los baños, explicó el departamento.