BUENOS AIRES (AP) — Ocho buques concentran sus esfuerzos en rastrear el fondo marino a través de sonares en un área de 40 kilómetros de radio señalada como el lugar donde se encontraría el submarino argentino desaparecido hace dos semanas.

Los buques de Argentina, Reino Unido y Estados Unidos, entre otros países, han barrido un 68% del área de búsqueda que ha sido restringida de acuerdo a la conjunción de varios informes técnicos, dijo el miércoles a periodistas el capitán Enrique Balbi, portavoz de la Armada, en la sede de esa fuerza en Buenos Aires.

Esa zona comprende el lugar donde el 15 de noviembre se produjo una explosión pocas horas después de registrarse la última comunicación con tierra del submarino ARA San Juan, que llevaba 44 tripulantes a bordo.

“Es muy difícil estimar cuándo se va a llegar al 100% de barrido. Los buques van a poca velocidad para permitir que las sondas multihaz, el sonar de barrido lateral y el sonar remolcado puedan hacer bien el perfil tridimensional”, señaló el capitán.

Balbi dijo que la meteorología es buena y que el jueves será mejor, con olas de dos metros de altura, pero reconoció que es muy difícil saber cuándo el operativo de búsqueda estará cerca de encontrar la nave.

El submarino diésel eléctrico clase TR-1700 de fabricación alemana y operativo desde 1985 desapareció el 15 de noviembre cuando navegaba desde Ushuaia, en el extremo austral de Argentina, hacia su base en Mar del Plata, 400 kilómetros al sur de Buenos Aires, tras participar de un ejercicio de adiestramiento.

A la zona de rastreo cercana a un talud donde acaba la plataforma continental argentina ya ha arribado un buque noruego que transporta un minisubmarino estadounidense de rescate que sería empleado una vez que el submarino sea localizado. Este instrumento llega a una profundidad de 600 metros, por lo que según especialistas se complicaría mucho la recuperación de los 44 tripulantes en caso de que la nave se encontrara más al fondo.

El jueves está previsto que zarpe al área de rastreo una embarcación que transportaría un vehículo sumergible ruso con un alcance operativo de inmersión de 1.000 metros y que, junto a otros sumergibles, eventualmente podrían capturar imágenes del submarino necesarias para que luego entre en operaciones el mini submarino de rescate.

El 15 de noviembre el ARA San Juan había informado la entrada de agua de mar cuando realizaba el snorkel y estaba cargando baterías. El agua se dirigió por el sistema de ventilación a una bandeja de conexión de las baterías de proa provocando un cortocircuito y humo sin llamas que, según se reportó desde la nave, fue subsanado, lo que determinó que siguiera navegando en inmersión hacia Mar del Plata.

Horas después se produjo una explosión que fue detectada por la Organización para la Prohibición Total de Pruebas Nucleares (CTBTO, por sus siglas en inglés).

Si bien el capitán del submarino, Pedro Fernández, notificó a sus superiores que el desperfecto estaba arreglado, los tripulantes tuvieron que aislar eléctricamente la batería afectada por el agua y la nave continuó navegando en inmersión con el circuito de batería de popa.

Balbi afirmó la víspera que el capitán de la nave no consideró una emergencia el ingreso de agua por lo que decidió seguir hacia su destino en Mar del Plata.

Gustavo Pérez, extripulante del ARA San Juan y miembro de la Agrupación de Suboficiales Submarinistas Argentinos, dijo a The Associated Press que “se puede dividir el sistema de baterías para que la otra parte siga funcionando normal, aunque no sabemos lo que pasó allí realmente”.

El extripulante afirmó que hay un peligro cuando se produce el ingreso de agua de mar al interior submarino que pueda tener contacto con los tanques de baterías.

“No están preparadas para soportar el ingreso de agua quizá de forma descontrolada”, sostuvo. Cuando se reportó el cortocircuito, la mala climatología causó olas de unos seis metros.

Pérez, quien dijo confiar en la información que está suministrando la Armada, dijo que en los pocos años en que navegó en ese submarino realizando distintas tareas como estar a cargo de la comunicación, se enfrentó solo averías menores.

Especialistas estiman que dentro de la nave se ha superado el límite de siete a diez días en la capacidad de oxígeno sin emerger a superficie.