SANTIAGO DE CHILE (AP) — Un juez condenó a ocho militares chilenos en retiro a 18 años de cárcel por el secuestro y asesinato del conocido folclorista Víctor Jara y de un jefe de prisiones, informó el martes la oficina de comunicaciones del Poder Judicial.

Un noveno exmilitar fue sentenciado a cinco años de presidio por encubrir los homicidios y secuestros.

Jara y el jefe de prisiones Littre Quiroga sufrieron “en todo su cautiverio, constantes y violentos episodios de agresión física y verbal por parte de los oficiales de Ejército allí presentes”, señaló el dictamen del juez Miguel Vásquez.

El folclorista, académico e investigador de la entonces Universidad Técnica del Estado fue arrestado junto a centenares de personas que se refugiaron en el plantel en las horas siguientes al golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 liderado por el general Augusto Pinochet. Quiroga, por su parte, se entregó a las nuevas autoridades, que lo trasladaron a un regimiento y luego al Estadio Chile, donde también estaba el cantante.

El juez Vásquez afirmó que mientras Jara y Quiroga estuvieron en el estadio fueron golpeados reiteradamente.

Vásquez condenó a los militares hoy en retiro Hugo Sánchez Marmonti, Raúl Jofré González, Edwin Dimter Bianchi, Nelson Haase Mazzei, Ernesto Bethke Wulf, Juan Jara Quintana, Hernán Chacón Soto y Patricio Vásquez Donoso a penas de 15 años como autores de los asesinatos de Jara y Quiroga y a otros tres años por sus secuestros.

Un noveno implicado, el exoficial Rolando Melo Silva, fue sentenciado a cinco años de presidio como encubridor de los homicidios y a 61 años días por tapar los secuestros.

Un décimo militar chileno, el teniente retirado Pedro Barrientos, huyó a Estados Unidos y vive en el estado de Florida, donde fue demandado civilmente en 2013 por la viuda y las dos hijas del artista, y condenado a pagar una indemnización cercana a los 30 millones de dólares. Además enfrenta un pedido de extradición desde Chile.

La de Vásquez es una sentencia de primera instancia que puede ser apelada ante un tribunal de alzada y luego ante la Corte Suprema.

El magistrado precisó en su fallo que mientras la mayoría de los presos del Estadio Chile --hoy rebautizado como Estadio Víctor Jara-- fueron trasladados al Estadio Nacional, Jara y Quiroga fueron separados de las filas de prisioneros y conducidos a los camarines, en el subterráneo del recinto.

Los dos prisioneros fueron ubicados en camarines diferentes y luego “se les dio muerte a ambos, hecho que se produjo a consecuencia de, al menos, 44 y 23 impactos de bala, respectivamente, en todos los casos de calibre 9,23 milímetros, según se precisa en los correspondientes informes de autopsia y pericias balísticas”, armas que usaban los oficiales a cargo del recinto, estableció el juez.

El crimen que los insurrectos militares atribuyeron a Jara fue ser uno de los rostros más populares del gobierno del derrocado presidente Salvador Allende, mientras a Quiroga lo vincularon a supuestos malos tratos a un general que meses antes del golpe intentó rebelarse contra Allende.

Los restos de ambos y de otras personas desconocidas fueron lanzados en una calle polvorienta cercana al Cementerio Metropolitano y conducidos al Servicio Médico Legal, donde una persona que prestaba ayuda con las decenas de cadáveres que llegaban al lugar reconoció a Jara y secretamente avisó a su esposa, la bailarina de ballet británica Joan Jara. De no haber sido individualizado, casi con certeza sería un detenido desaparecido más.

La dictadura de Pinochet, que se extendió por casi por 17 años dejó un saldo oficial de poco más de 40.000 víctimas, incluidos 3.065 asesinados.