BEIRUT (AP) — Los insurgentes del grupo extremista Estado Islámico, expulsados de un bastión urbano tras otro en Siria, se han trasladado recientemente a un remoto desierto en Siria, donde según los expertos están reagrupándose y preparando su próxima ofensiva.

El autoproclamado califato de la milicia radical suní, con amplios territorios que unían ciudades importantes como Raqqa en Siria y Mosul en Irak, se ha desvanecido, pero muchos están de acuerdo en que su derrota sobre el terreno no significa el final de EI.

Más allá de las zonas urbanas y deshabitadas está el vasto desierto sirio, también conocido como Badiyat al-Sham, famoso por sus cuevas y montañas escarpadas. Se extiende a lo largo de 500.000 kilómetros cuadrados (200.000 millas cuadradas) en partes del sureste de Siria, el noreste de Jordania, el norte de Arabia Saudí y el oeste de Irak.

El desolado paisaje es un escondite perfecto y una segunda casa para muchos de los miembros de EI desde de los días previos al nacimiento de su califato. Los expertos estiman que se necesitarán cientos de miles de efectivos para montar operaciones de búsqueda, e incluso más para controlar el desierto de forma permanente.

Una vez se pierden en el desierto, sin un ejército de decenas de miles de seguidores de docenas de países, los yihadistas de EI recurrirán a los ataques al estilo de una guerrilla, es decir atropellos y atentados suicidas dispersos.

"Les gusta librar batallas en el desierto y volverán a las viejas costumbres”, señaló Omar Abu Laila, un activista opositor asentado en Europa pero originario de la provincia de Deir el-Zour, en el este de Siria y que está en el corazón del Badiyat al-Sham.

Los líderes de EI parecen haber elaborado planes de contingencia que incluyen precisamente esto: reagruparse en el desierto y lanzar ataques, como hizo su predecesor, Al Qaeda en Irak, durante más de una década tras la invasión de 2003 liderada por Estados Unidos.

Algunos de esos planes están ya en marcha. En la localidad de Mayadeen, un antiguo feudo de la milicia en el este de Siria, los milicianos se retiraron y desaparecieron al desierto tras solo unos días de combates con las fuerzas del gobierno sirio antes este mes.

Brett McGurk, el principal representante de Estados Unidos en la coalición que lucha contra EI, dijo que el grupo insurgente suní controla ahora menos del 10% de los territorios que llegó a tener en Irak y Siria durante su apogeo.

El grupo sigue teniendo cierto atractivo para los suníes, que se quejan de la discriminación por parte del gobierno chií de Irak y de la minoría alauí del presidente de Siria, Bashar Assad.

Estado Islámico también buscará ganar tiempo y beneficiarse de otros conflictos, como los enfrentamientos registrados este mes entre las fuerzas iraquíes y las kurdas tras el referendo de independencia de los kurdos. Este asunto ya restó recursos a la guerra contra EI, dijo el teniente general Paul Funk, el general estadounidense de mayor rango en Irak, a The Associated Press la semana pasada.

Tropas iraquíes, milicianos chiíes y fuerzas kurdas expulsaron a EI de casi todo Irak, pero si se enfrentan entre ellos podrían dar a los extremistas una ocasión para reagruparse.

Una dinámica similar amenaza a los recientes avances en Siria. Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), respaldadas por Estados Unidos, y el gobierno de Damasco, que cuenta con el apoyo de Rusia, han sido los más efectivos en la lucha contra el grupo, pero ahora libran ofensivas paralelas en Deir el-Zour que podría enfrentarlos.

Según el general Joseph Dunford, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, la liberación de Raqqa por parte de las FDS fue un “punto de inflexión” en la ofensiva contra EI, pero advirtió que la coalición tiene que mantenerse centrada.

"ISIS está contra las cuerdas ahora mismo y nuestro trabajo es asegurarnos de que no se recupera”, señaló Dunford, empleando un nombre alternativo para la milicia.

Los expertos apuntan que esto será difícil.

Dana Jalal, un periodista iraquí establecido en Suecia que sigue de cerca a los grupos yihadistas en Oriente Medio, dijo que EI “se convertirá en una organización terrorista clandestina”.

"El lobo solitario no tiene nada que perder. Ahora no tienen nada que defender”, señaló Jalal.

El predecesor de EI, Al Qaeda en Irak, estaba casi aniquilado en 2007 por las fuerzas estadounidenses e iraquíes. Pero tras la retirada de las tropas de Washington del país en 2011, los insurgentes se reagruparon y reaparecieron más fuertes que nunca en el verano de 2014, cuando conquistaron grandes partes de Siria e Irak.

EI "volverá a encontrar una base de apoyos en el Irak suní" donde hay un gran descontento con el gobierno liderado por chiíes, apuntó desde Washington Mutlu Civiroglu, un analista especializado en el tema kurdo que sigue la batalla contra el grupo.

Tras perder territorios en Siria e Irak, la milicia radical intentará aumentar su presencia en Libia, Yemen, Afganistán, norte de África y otras partes del mundo. El hecho de que EI “llevó a cabo o inspiró ataques en alrededor de 30 países en todo el mundo muestra su alcance global”, agregó.

El grupo está recurriendo cada vez más a su arma predilecta: los ataques suicidas.

Un atentado suicida mató a casi 20 personas en una comisaría de policía de Damasco a principios de este mes. A finales de septiembre, pistoleros de EI salieron del desierto para atacar a fuerzas gubernamentales en el centro de Siria, cortando sus líneas de suministro durante días. EI perpetró además ataques letales en la capital de Irak, Bagdad, y en la provincia de Anbar, en el oeste del país.

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La periodista de The Associated Press Lolita C. Baldor en Washington contribuyó a este despacho.