WASHINGTON (AP) — Cuando uno de los asistentes a un acto de la senadora californiana Kamala Harris le preguntó este año si rechazaría las donaciones de las empresas, la respuesta fue ambigua. “Depende...”, le dijo la legisladora.

“Esa es la respuesta equivocada”, comentó el individuo, encogiéndose de hombros.

Harris no volvió a cometer el mismo error: Menos de un mes después, cambió de posición y afirmó en una entrevista radial que no aceptaría más dinero de “corporate PACs”, como se denomina a comités de acción política que canalizan dinero donado por empleados de una empresa.

La influencia del dinero en la política está convirtiéndose en una prueba de fuego para los candidatos demócratas. En avisos, discursos y debates, decenas de políticos se están comprometiendo a rechazar el dinero de los corporate PACs. La lista de los que lo han hecho incluye a varios potenciales aspirantes a la presidencia como Harris y los también senadores Cory Booker, Kirsten Gillibrand y Elizabeth Warren. Además del independiente Bernie Sanders.

En total, más de 170 candidatos a cargos nacionales han dicho que no aceptarán donaciones de corporate PACs, según una cuenta de End Citizens United, que promueve una reforma a las normas que regulan la financiación de campañas electorales.

La oposición a los corporate PACs crece rápidamente entre los demócratas, que tratan de explotar el fervor anti-establishment que llevó a Donald Trump a la presidencia en el 2016.

El compromiso puede ser más bien simbólico, ya que el dinero de los corporate PACs es una fracción mínima de los dólares que inundan el sistema político.

“Si me preguntasen cuáles son las diez cosas principales que no funcionan con la financiación de las campañas, no sé si mencionaría el dinero de los PACs”, comentó Rick Hasen, experto en legislación electoral de la sede de Irvine de la Universidad de California. “Las contribuciones de los corporate PACs no son una fuente importante de financiación de campañas en la actualidad”.

Los demócratas han tenido una relación complicada con el dinero de las empresas desde que la Corte Suprema despejó en el 2010 el camino para la llegada anónima de dinero de las corporaciones. El partido despotricó contra ese fallo, pero la mayoría de los demócratas siguieron cortejando aportes de donantes liberales y de grandes empresas.

Las elecciones presidenciales del 2016, no obstante, pueden haber sido un indicio de que la frustración del electorado con la influencia del dinero en la política puede ser hoy un importante factor político. Trump explotó el malestar del electorado con lo que él describió como un “sistema arreglado” y lo mismo hizo Sanders, quien le dio pelea a Hillary Clinton en las primarias demócratas a pesar de haber evitado mayormente las donaciones de empresas.

El 96% de los estadounidenses cree que la influencia del dinero que llega a la política es una de las causas de los males del sistema político, según una encuesta hecha en octubre por el Washington Post y la University of Maryland.

Los corporate PACs son comités de acción política financiados mayormente por empleados de una firma, no por la empresa, y pueden aportar un máximo de 5.000 dólares por candidato.

Solo una docena de candidatos han dicho que no aceptarán ningún dinero de PACs, de acuerdo con End Citizens United, lo que quiere decir que la gran mayoría sigue aceptando donaciones de figuras importantes, sindicatos y sectores especiales a través de PACs.

En el caso de los senadores, los PAC generan un porcentaje menor del dinero que recaudan. Harris, por ejemplo, recaudó casi 19,7 millones de dólares en el 2016, cuando fue elegida. Solo 900.000 dólares provenían de PACs, según el Center for Responsive Politics, una organización no partidista.

El tema cobró prominencia en parte por el trabajo de agrupaciones como End Citizens United, una organización demócrata surgida en el 2015 que está invirtiendo 4 millones de dólares en avisos criticando a candidatos republicanos de Montana y Nevada por haber aceptado donaciones corporativas. La agrupación afirma que cada dólar cuenta en las contiendas reñidas.