NUEVA YORK (AP) — Antes de salir a jugar su partido en los octavos de final del Abierto de Estados Unidos, Juan Martín del Potro se relajó mirando el primer tiempo y parte del segundo de la victoria de Boca Junios por 3-0 ante Vélez Sarsfield en la Superliga del fútbol argentino.

“Por eso pude entrar tan concentrado”, dijo con ironía el tenista argentino tras su contundente victoria en tres sets ante el croata Borna Coric para avanzar a los cuartos de final.

En el US Open, Del Potro se ha dado gusto con dos de sus fanatismos: Boca, el club de sus amores, y Bruce Springsteen, su ídolo musical. El tercer cabeza de serie acudió a ver 'Springsteen on Broadway', y tuvo la oportunidad de encontrarse con el rockero tras un recital.

También cuenta con el aliento de un grupo de amigos de la infancia en su ciudad natal de Tandil, quienes desde un palco preferencial entonan cánticos bien coordinados a su favor.

Más allá de eso, el campeón del US Open de 2009 marcha a paso firme en su torneo favorito y con un panorama ilusionante de que podría conquistar el segundo título de Grand Slam de su carrera.

Por tercer año seguido entre los ocho últimos sobrevivientes, Del Potro pregona sin embargo mesura.

“Los rivales que están quedando son los favoritos y los que pueden ganar este tipo de torneos”, señaló. “La diferencia es mínima entre todos, por ahí algunos tienen ese plus en las grandes finales o en los grandes partidos, pero hoy en día cualquiera puede ganarle a cualquiera. Ojalá que pueda seguir de esta manera, ganando buenos partidos y llegar lo más lejos posible".

Del Potro se instaló en cuartos sin ceder un solo set, invirtiendo ocho horas y 45 minutos en la cancha. Está muy por debajo de las 12 horas y seis minutos que lleva John Isner, su rival la tarde del martes en el estadio Arthur Ashe. Isner ha tenido que bregar con un par de partidos que se fueron al máximo de cinco set, incluyendo el último ante Milos Raonic.

El duelo enfrentará a dos gigantes con potentes saques — Del Potro con sus 1,98 metros (6,6 pies) de altura e Isner con 2,08 metros (6,10, pies).

“Todavía puedo jugar mejor”, avisó Del Potro de cara al duelo con Isner, a quien aventaja 7-4 en el historial.

Si es capaz de rendir mejor, pues es algo que debe intimidar a los oponentes del argentino. En sus cuatro victorias, ha jugado con autoridad desde el fondo de la cancha, enchufado con su drive, sólido con el saque y solvente en el revés.

Pero no se fía con su siguiente reto, al advertir el peligro que representa Isner con su servicio. Y recordó la derrota que sufrió ante el estadounidense en las semifinales del Masters de Miami en marzo pasado. Isner se consagró campeón en ese torneo.

"Con el saque que tiene, su desgaste físico es menor al de cualquier otro”, comentó el tercer cabeza de serie. “En Miami me pasó por arriba. Con su saque es difícil ganarle puntos”.

Isner llega también con la confianza por las nubes, por primera vez en esta instancia del US Open desde 2011. Pero el 11mo del ranking tiene la cabeza pendiente en otra persona que no le está acompañando: su esposa Maddie, cerca de dar a luz al primer hijo de la pareja.

“¿Por qué no podría?”, señaló Isner sobre sus posibilidades de conquistar su primer título grande.

La fecha prevista del alumbramiento es el 22 de septiembre, así que Isner está muy pendiente a su teléfono en caso que se necesario irse de inmediato a casa.

“Esa es sin duda la cosa más importante en mi vida ahora mismo, más importante que este torneo”, dijo Isner. “Pero mientras que el bebé siga en el vientre, aquí voy a estar”.