MARIGOT, San Martín (AP) — El presidente de Francia, Manuel Macron, prometió el martes una rápida evacuación de los residentes en los territorios de ultramar de su país en el Caribe y proporcionar servicios y alojamiento a los que elijan quedarse, cerrando una rápida visita a la isla San Martín, devastada tras el paso del huracán Irma, que respondió al enojo porque su gobierno no hizo suficiente para gestionar la crisis.

Macron presentó un plan para distribuir agua potable, alimentos y ayuda médica utilizando las estaciones de radio de la isla, e incluso megáfonos cuando fuese necesario. Alrededor de la red celular de la isla ha sido restaurada y todas las “comunicaciones esenciales” estarán disponibles la próxima semana, agregó.

"Lo que hemos visto hoy es gente decidida a reconstruir y regresar a su vida", señaló Macron en una conferencia de prensa. "Están impacientes por recibir respuestas y algunos están muy, muy enojados. El enfado es legítimo porque es el resultado del temor que han enfrentado y de estar muy cansados. Es verdad que algunos quieren marcharse, y les ayudaremos”.

Francia llevará tiendas de campaña con aire acondicionado a la isla para que los niños puedan regresar a la escuela pronto, y el lunes se habilitará un centro para procesar peticiones de ayuda financiera, dijo el mandatario.

Macron se comprometió a reconstruir la parte francesa de la isla como un “modelo" para resistir a futuras tormentas.

El huracán Irma, de categoría 5 a su paso por el Caribe, mató a 11 personas en el territorio galo, y a cuatro más en la mitad de la isla bajo juridiscción holandesa, agregó Macron. En total, el meteoro se cobró al menos 37 vidas a su paso por la región.

El rey de Holanda, Guillermo Alejandro, visitó también el martes la parte holandesa de San Martín.

Las visitas se produjeron mientras los habitantes intentan recuperar la normalidad en medio del caos y la destrucción causados por Irma, con pequeños gestos como compartir su radio y rescatar perros.

La Cruz Roja de Holanda dijo que aún había más de 200 personas reportadas como desaparecidas en San Martín, pero dadas las deficiencias en las redes de comunicación a una semana del paso de la tormenta, aún no está claro cuántas de ellas se encuentran simplemente sin servicio eléctrico o de telefonía celular y no pudieron comunicarles a sus amigos y familiares que habían sobrevivido. El organismo dijo que el 90% de los edificios en la parte holandesa de la isla resultaron dañados, y una tercera parte de ellos quedaron destruidos.

Yogesh Bodha, un empleado de una joyería de 37 años de edad, dijo que durante dos días no hubo respuesta de las autoridades europeas, y que no ha visto muchos cambios desde que las autoridades holandesas llegaron al territorio.

“Debieron estar más organizados de lo que estuvieron”, declaró. “No hemos recibido agua o comida. Dicen que la ayuda viene en camino, ya veremos”.

Para Liseth Echevarría, quien trabaja como cantinera en San Martín, dijo que ofrecer lo que podía a familiares, extraños y mascotas abandonadas le ayudaba a afrontar la tragedia, y sus allegados hacían lo mismo.

El administrador de una marina vecina les arrojó una manguera para que Echevarría y su esposo pudieran tener algo parecido a una regadera al aire libre. También les ofreció una conexión temporal de electricidad desde su generador para que pudieran cargar sus teléfonos celulares y escuchar la única estación que permanece al aire.

“Es la única forma de comunicación que tiene San Martín con el mundo en este momento”, dijo la joven de 27 años.

Fue gracias a esa radiodifusora que se enteró de un vuelo para todos los latinoamericanos varados en San Martín. Se apresuró con su hermano al aeropuerto, quien evacuaba de regreso a Colombia. Al momento de dejarlo en el aeropuerto, vio a un yorkshire atado a una barricada de metal, abandonado por un pasajero que huyó de la isla y que no podía llevar mascotas en el avión.

Echevarría recogió al perro de nombre Oliver, lo llevó consigo a casa para que conociera a sus otros tres perros, incluyendo a uno que rescató de la propiedad de un vecino, que huyó junto con su hijo después de que el huracán destruyó su casa. No quedó nada de ella, solo pedazos de madera y la cortina de baño cubierta de coloridas mariposas, enredada en la cima de un árbol.

El esposo de Echevarría, Lex Kools, un ingeniero civil de 26 años, todos los días cruza la barda para alimentar a los dos perros en la propiedad.

“Se estaban atacando entre sí, tenían mucha hambre”, comentó.