SEÚL, Corea del Sur (AP) — El dictador norcoreano Kim Jong Un y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planean reunirse en mayo para abordar el desarme nuclear. En un sorpresivo giro, la cumbre juntaría a dos líderes que se han insultado, amenazado y ridiculizado en repetidas ocasiones en una misma sala, posiblemente en la capital de Corea del Norte, Pyongyang.

Esta habría sido una propuesta inconcebible hace apenas unos meses, cuando el desencuentro entre los dirigentes estaba en su apogeo _ entonces Trump era un "anciano senil" y Kim el “pequeño hombre de los cohetes" _ y el Norte realizaba continuas pruebas con armas en su camino hacia el objetivo de lograr un arsenal nuclear viable para amenazar el territorio continental estadounidense.

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, quien según algunos estaría detrás del acercamiento de los dos líderes, reflejó el viernes la esperanza y alivio que sienten muchos tras el anuncio de la reunión. Para Jae, un dirigente de corte progresista, el encuentro será un “hito histórico” que pondrá la desnuclearización de la península coreana “realmente en marcha”.

Pero sigue habiendo un considerable escepticismo en torno a la cumbre.

Después de todo, tras crisis anteriores, Corea del Norte se ha habituado a ofrecerse a dialogar después de haber avivado las tensiones para intentar lograr ayudas y concesiones. Algunos especulan con que Pyongyang estaría intentando separar a Washington de su aliado Seúl, debilitar las severas sanciones sobre la hermética nación y ganar tiempo para sus avances en el campo nuclear. Además, desde el punto de vista estadounidense, ha incumplido repetidamente los acuerdos nucleares previos.

Y ahora, Corea del Norte ha logrado una reunión cara a cara con el líder del país más poderoso del mundo. Pyongyang lleva años queriendo sentar a Washington en la mesa de negociaciones con la esperanza de forjar un tratado de paz que ponga fin a la Guerra de Corea, que técnicamente sigue activa desde la década de 1950, y sacar a las tropas estadounidenses de la península coreana, acabando con lo que las autoridades norcoreanas califican de sitio hostil a su territorio por parte de Estados Unidos y el Sur.

"Se ha realizado un gran avance", tuiteó Trump después que el director de seguridad nacional de Corea del Sur, Chung Eui-yong, que se acababa de reunir con el mandatario, anunció los planes a reporteros en una comparecencia en uno de los accesos a la Casa Blanca.

Pero está por ver.

Corea del Norte sigue produciendo propaganda declarando su dedicación a su programa nuclear. Washington sigue implicado en las maniobras militares con el Sur, unos ejercicios que según el Norte son un ensayo para una invasión, y con el mantenimiento de 28.500 soldados en suelo surcoreano y 50.000 en Japón, como una medida de disuasión ante una posible agresión. Se espera que las maniobras se reanuden el próximo mes luego de su suspensión por los Juegos Olímpicos de Invierno.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, dijo el viernes durante una visita a Yibuti que la decisión de reunirse con Kim Jong Un salió del propio Trump como consecuencia de un cambio radical en la postura del líder norcoreano.

"El cambio en su postura fue bastante drástico. Fue una sorpresa para nosotros que él fuese tan propenso”, señaló Tillerson apuntando que el calendario para el encuentro se demorará “algunas semanas”.

Corea del Norte pareció confirmar los planes para la celebración de la cumbre. Un alto diplomático norcoreano en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, Pak Song Il, dijo al diario The Washington Post en un correo electrónico que la invitación fue el resultado de la “decisión amplia y decidida” de Kim para contribuir a la paz y la seguridad en la península coreana.

El encuentro no tendría precedentes en siete décadas de hostilidades entre Washington y Pyongyang.

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Los periodistas de The Associated Press Kim Tong-hyung en Seúl y Matthew Pennington en Washington contribuyeron a este despacho.