CIUDAD DE MÉXICO (AP) — Delante de esqueletos, catrinas, flores y papel picado de colores, un puño formado con cascos sobre una base de picos y encima de un muro caído abrió el desfile de la Ciudad de México por el Día de los Muertos, un homenaje a los 228 fallecidos en el terremoto del 19 de septiembre en la capital y a la labor espontánea de los voluntarios que ayudaron.

“¡Gracias rescatistas!”, gritaba Guadalupe Pérez, de 56 años, al paso de la escultura, a la cual seguían los contingentes que participaron en los rescates, perros incluidos. “¡Bravo!” ¡Viva México!”, coreaban otros mientras aplaudían.

En el zócalo, la plaza principal de la ciudad, más “muertitos” de papel maché que simbolizaban a voluntarios y víctimas, junto a ofrendas participativas como un árbol de la vida donde poder dejar fotografías de los fallecidos, honraban también a los afectados por los dos sismos más fuertes de las últimas décadas que azotaron el sur y el centro del país el mes pasado y cobraron más de 400 vidas.

Todo adornado con velas, cempasúchil _la flor tradicional del Día de los Muertos_, música y alegría pese al dolor, porque este día en México es una fiesta.

“El puño se ha convertido en un símbolo nacional e internacional”, explicó a la AP Julio Blasina, coordinador del desfile, la señal con la que los rescatistas pedían silencio para escuchar si había alguien atrapado bajo los escombros.

“Teníamos la obligación de rendir tributo a los caídos y a toda la sociedad civil, a la vez que transmitimos el mensaje de que la ciudad sigue en pie”, indicó Blasina. “Por eso también hay fiesta y carnaval”.

Kilómetro y medio de carrozas atravesaron la ciudad con figuras que hacían un recorrido histórico y popular por una celebración de origen prehispánico, el Día de los Muertos, considerada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y que desde el año pasado incluyó este multitudinario desfile como parte de sus festejos.

En el zócalo, papel picado blanco, naranja, morado y negro cubría cientos de velas, esqueletos con chalecos de rescate, cascos y cuerdas que formaban una cadena humana _en la que no faltó uno en silla de ruedas_ y que simbolizaban a los voluntarios y arropaban a otros “muertitos”, también de papel maché vestidos con trajes típicos de las regiones afectadas por los sismos en Oaxaca, Chiapas, Morelos, Puebla y Guerrero.

“Se llama a la población a voltear a ver a las víctimas de esos estados y que todavía necesitan ayuda, pero también quisimos mostrar esa unión del pueblo mexicano que volvió a salir como en el terremoto de 1985 y que rebasó a las autoridades”, explicó Juan Vázquez, del colectivo “Última hora”, una las varias organizaciones encargadas del montaje junto al artista de origen mixteco Joel Rendón.

Se quiso también hacer una ofrenda “participativa”, explicó el curador de la instalación, Luis Rodríguez, donde la gente podrá colocar fotografías de sus fallecidos en un árbol de la vida o en las bases que soportan unos cartones troquelados que simbolizan simpáticos rescatistas con un perro, o un edificio al desplomarse.

A lo largo del recorrido miles de niños se quedaban absortos al ver las carrozas y las ofrendas, que también incluían a menores, como un pequeño con traje de tigre típico del estado de Guerrero, y el puño en alto.

“Queremos que los niños se vean reflejados”, agregó Vázquez. “Que sepan que son ellos los que tienen que seguir con su cultura y defender estas tradiciones”.

“No debemos olvidar que el país está en duelo porque hay muchos que no tienen casa”, agregó Guadalupe Pérez, cuyo apartamento quedó muy dañado. “Pero todo esto es una fiesta linda, única en el mundo”.

“Ahí estamos reflejados, todas nuestras raíces”, comentó Leo Cancino, un hombre que llevó a su familia a ver el desfile. “Muchos le tienen miedo a la muerte, pero no, es parte de la vida”.