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Exclusión de Canadá de acuerdo comercial es un obstáculo

August 29, 2018
Chrystia Freeland
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La ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, llega a una reunión con el representante comercial de Estados Unidos Robert Lighthizer en Washington, el martes 28 de agosto de 2018. (AP Foto/Andrew Harnik)

WASHINGTON (AP) — Las labores del presidente Donald Trump por reformar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) dieron un giro inesperado que complica los esfuerzos del mandatario por reemplazar el pacto con un más favorable para los trabajadores estadounidenses.

Canadá, el segundo mayor socio comercial de Estados Unidos, fue excluido del acuerdo alcanzado con México y busca conservar su lugar en el bloque regional, y sortear la amenaza de impuestos estadounidenses a sus vehículos.

En cambio, México, que desde hace tiempo ha sido blanco de los ataques de Trump, llegó a un acuerdo preliminar con Estados Unidos para reemplazar el TLCAN con un pacto que tiene como objetivo, entre otras cosas, trasladar mayor mano de obra a Estados Unidos.

Al anunciar el lunes el acuerdo, Trump dijo que quiere que se llame “Acuerdo Comercial Estados Unidos-México”, omitiendo por completo a Canadá.

La ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, se apresuró a llegar a Washington para intentar reparar los daños y se reunió el martes con el representante comercial de Estados Unidos Robert Lighthizer.

Freeland dijo que tuvieron una “conversación muy buena y constructiva” sobre cómo van a reformar el TLCAN. Ambas partes comenzarán a profundizar en temas específicos el miércoles por la mañana.

Lighthizer pretende hacer una notificación formal del pacto ante el Congreso el viernes. Eso pondría en marcha una cuenta regresiva de 90 días que le permitiría al presidente mexicano saliente, Enrique Peña Nieto, firmar el pacto antes de dejar el cargo el 1 de diciembre. De lo contrario, el mandatario electo Andrés Manuel López Obrador tal vez quiera reabrir las negociaciones y complicar aún más la posibilidad de un nuevo acuerdo.

Para incrementar la presión sobre Canadá, Trump amenazó el lunes con imponer aranceles a las importaciones de autos provenientes de Canadá. Por lo tanto, Freeland negocia “bajo la amenaza de aranceles automotrices o la destrucción del TLCAN”, dijo Philip Levy, alto miembro del Consejo de Asuntos Globales de Chicago y asesor comercial de la Casa Blanca durante el gobierno del presidente George W. Bush.

El gobierno de Trump dijo que el plazo no es tan corto como parece. Después de notificar al Congreso sobre el nuevo acuerdo comercial, tiene 30 días para publicar una copia del texto completo.

“Significa que tienen margen” para afinar detalles e incluir a Canadá en un renovado acuerdo comercial de América del Norte”, comentó Levy.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, expresó el martes su optimismo.

“Nuestro objetivo es incluir pronto a Canadá”, dijo Mnuchin a CNBC. “No preveo que haya muchos puntos de conflicto”.

Grupos empresariales y miembros del Congreso ya comenzaron a exigir la permanencia de Canadá en el acuerdo comercial regional.

Cuando el gobierno de Trump notificó al Congreso el año pasado que pretendía renegociar el TLCAN, los detractores resaltaron que el gobierno dijo que comenzaría a dialogar tanto con Canadá como con México. Se desconoce si el equipo de Trump siquiera tiene la autoridad para concretar un pacto con solo uno de los países. Y el Congreso, que debe aprobar cualquier cambio al TLCAN, puede rehusarse a respaldar un acuerdo en el que Canadá no esté incluido.

“No creo que hayamos visto antes algo así”, dijo Stephen Orava, abogado comercial y socio del despacho King & Spalding. “El camino, tanto legal como político, es mucho más complicado y tiene muchos más obstáculos”.

Después de entrar en vigor en 1994, el TLCAN derribó la mayoría de las barreras comerciales entre Estados Unidos, Canadá y México. El comercio regional prosperó. Pero muchos fabricantes trasladaron sus plantas al sur de la frontera para aprovechar los bajos salarios de la mano de obra mexicana y, posteriormente, enviaban sus productos de regreso a Estados Unidos.

Durante su campaña presidencial, Trump se quejó de que se perdieron empleos de manufactura que se fueron a México y sobre el déficit comercial de Estados Unidos con su vecino del sur: 69.000 millones de dólares el año pasado.

El pacto de esta semana tiene como objetivo cambiar las reglas de terreno y devolver parte de la manufactura a Estados Unidos. Entre otras cosas, el acuerdo entre Estados Unidos y México requiere que entre el 40 y 45% de los vehículos se fabriquen en un país con salarios automotrices de por lo menos 16 dólares por hora para que sea elegible a estatus libre de impuestos. Los trabajadores mexicanos de la industria ganan, en promedio, poco más de 5 dólares por hora en comparación con los casi 22 dólares por hora en Estados Unidos.

Así que, si México era el problema, según Trump, ¿cómo fue que Canadá está ahora en una encrucijada?

Canadá, después de todo, es una de las pocas grandes economías del mundo que adquiere más productos y servicios de Estados Unidos de los que les vende. (Estados Unidos registró el año pasado un pequeño superávit comercial con Canadá de casi 3.000 millones de dólares).

Y después de combatir como aliados en diversos conflictos, desde la Primera Guerra Mundial hasta Afganistán, los países vecinos son tan cercanos que los creadores del programa de televisión “South Park” crearon toda una película cómica sobre la graciosa premisa de que ambas naciones disputarían una guerra entre ellos.

Pero hay puntos álgidos que persisten. Ambas naciones han tenido desacuerdos sobre las acusaciones de Estados Unidos de que Canadá coloca madera subsidiada en el mercado estadounidense y se vale de grandes aranceles para proteger a sus granjas lecheras, temas que posiblemente resurjan durante la visita de Freeland.

En la extravagante forma de Trump de hacer política “se necesita a un villano o algo de drama, y el villano es Canadá”, dijo Laura Dawson, directora del Instituto Canadá del grupo de expertos Wilson Center.

El lunes Trump volvió a acusar a Canadá de imponer aranceles por casi 300% a los productos lácteos.

“No vamos a aguantar eso”, dijo, negándose a resaltar que Estados Unidos también tiene sus enormes aranceles: 350% a las importaciones de tabaco, por ejemplo, y 164% al maní.

De hecho, los aranceles realmente no son un mayor problema entre Estados Unidos y Canadá: El TLCAN eliminó la mayoría de ellos.

De cierta forma, la disputa entre ambas naciones parece personal. Trump se enfureció después de que el primer ministro Justin Trudeau dijo en una conferencia de prensa tras una reunión del G7 en junio que no dejaría que Washington se aprovechara de Canadá.

El asesor comercial de Trump, Peter Navarro, recrudeció las tensiones al decir que había “un lugar especial en el infierno” para Trudeau, un comentario del que Navarro posteriormente se arrepintió.

Canadá también parece mucho menos dispuesto que México a aceptar las reformas al TLCAN que exige Trump.

“Canadá estaba contenta con el statu quo”, dijo Christopher Sands, director del Centro de Estudios Canadienses de la Universidad John Hopkins. México, en cambio, “está muy consciente de que el TLCAN es su boleto para quitarse la etiqueta de país en desarrollo. Querían hacer lo necesario para preservar el acuerdo”.

Estados Unidos y Canadá no anunciaron avances el martes. Pero el abogado comercial Orava declaró: “Ambas partes tienen espacio para maniobrar”.

Pero también reconoció: “Serán días muy intensos”.

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Los periodistas de AP Luis Alonso Lugo en Washington y Rob Gillies en Toronto contribuyeron a este despacho.

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Paul Wiseman está en Twitter como: https://twitter.com/PaulWisemanAP

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