EL CAIRO (AP) — En sus primeras declaraciones después de un ataque mortal contra la fuerza policial del país, el presidente de Egipto prometió el domingo seguir adelante con la lucha contra el terrorismo, asegurar sus fronteras y perseguir a los extremistas.

Las declaraciones del presidente Abdel-Fattah el-Sissi se conocen casi 48 horas después de que al menos 16 policías murieran en una emboscada en el suroeste de El Cairo, según la cifra oficial. Funcionarios de seguridad dijeron a The Associated Press y otros medios de comunicación que el número de muertos llegó a 54, convirtiéndolo en uno de los peores ataques contra la policía de Egipto en años. No ha sido posible conciliar ambas cifras.

Al presidir una reunión a la que asistieron los principales funcionarios de seguridad del país, El-Sissi dijo que "Egipto continuará su enfrentamiento contra el terrorismo y sus financiadores y lo respaldará con fuerza, decisión y eficiencia hasta que se frene”.

La emboscada comenzó cuando las fuerzas de seguridad que actuaban en el servicio de inteligencia se movilizaron contra una supuesta guarida de milicianos a unos 135 kilómetros de El Cairo. Respaldados por transportes blindados de personal y liderados por altos oficiales antiterroristas, el contingente de la policía lanzó granadas propulsadas por fuego y cohetes, según la versión oficial. Lo que sucedió después no se ha aclarado, pero muchos oficiales fueron asesinados y otros resultaron heridos.

La confusión sobre el incidente provocó un debate en las redes sociales. Muchos sugirieron que la fuerza policial había sido infiltrada por islamistas dado que algunas autoridades dijeron que la emboscada fue cuidadosamente planeada.

Junto con los informes contradictorios sobre el número de víctimas mortales, las autoridades también han negado la autenticidad de las grabaciones de audio, transmitidas por medios de comunicación progubernamentales, supuestamente de policías que participaron en la operación. En las grabaciones de audio se les escucha suplicando ayuda.

Ningún grupo se ha atribuido la responsabilidad del ataque que tuvo lugar cerca del vasto desierto occidental de Egipto, donde una serie previa de atentados fueron atribuidos a militantes islámicos que llegaban desde Libia.