Los científicos están reportando avances en la detección temprana de muchos tipos de cáncer, incluso algunos de los más mortíferos para los cuales se carece por ahora de herramientas de detección previa a los primeros síntomas.

Muchos grupos trabajan con exámenes de biopsia líquida, que buscan ADN y otras sustancias que los tumores vierten en la sangre, para tratar de detectarlos antes de que se extiendan, cuando hay mayores probabilidades de curarlos.

En un estudio publicado el jueves en la revista Science, científicos de la Universidad Johns Hopkins verificaron hasta qué punto su examen experimental detectaba el cáncer en personas que ya se sabía que padecían el mal. Los exámenes hallaron alrededor del 70% de ocho tipos comunes de cáncer en los 1.005 sujetos examinados. Las tasas variaban de acuerdo con el tipo: más bajas para tumores de seno, pero más altas para los de ovario, hígado y páncreas.

En muchos casos, el examen redujo el posible origen del cáncer a uno o dos lugares, tales como el colon o el pulmón, lo que es importante para determinar cuánto seguimiento necesitaría el enfermo. Dio apenas siete falsas alarmas cuando se lo ensayó en 812 personas sin cáncer.

Falta mucho tiempo para que pueda ser utilizado. Es necesario convalidarlo en un estudio más amplio de la población general que ya comenzó, para ver si realmente funciona y ayuda a salvar vidas, la medida más eficaz del valor de un examen de detección previa.

El examen detecta mutaciones en 16 genes vinculadas con el cáncer y mide ocho proteínas que suelen estar elevadas cuando hay cáncer.

Abarca tumores de seno, colon y pulmón además de otros cinco para los cuales no existen exámenes de detección previa: ovario, hígado, estómago, páncreas y esófago. El cáncer de próstata no está incluido. Para éste existe un examen ampliamente utilizado, el PSA, pero su efectividad está en discusión.

Los investigadores ensayaron el nuevo examen en personas cuyos cánceres se reducían al órgano inicial o que se habían extendido, pero no a todo el organismo. Detectó el 33% de los cánceres de seno, el 60% de los de colon o pulmón y casi todos los de ovario e hígado. Resultó más eficaz en tumores más grandes o extendidos que en la etapa más temprana.