BARCELONA (AP) — Una tira plástica amarilla con los extremos cruzados se ha tornado en la principal arma de los separatistas catalanes en su lucha contra quienes quieren proteger la integridad de España.

No pasa día sin que pequeños grupos de separatistas se reúnan para atar estas tiras a bancos, postes del tráfico, cercos y tachos de basura, o para pintar lazos en las aceras de Barcelona y de cientos de localidades vecinas de Cataluña.

Para la activista Silvia Pla y sus compañeros, el lazo simboliza las protestas contra la detención de nueve dirigentes separatistas a la espera de ser juzgados por rebelión, por su papel en un referendo que España consideró ilegal y una declaración de independencia que no tuvo el menor impacto el año pasado.

La liberación de los dirigentes presos es hoy el principal objetivo de los secesionistas, cuya campaña separatista se desmoronó al no contar con apoyo internacional.

Pla, ilustradora de cuentos infantiles de 56 años que vive en Cardedeu, dijo a la Associated Press que coloca lazos “para expresar que jamás aceptaremos” la detención de los dirigentes secesionistas.

Los lazos amarillos que surgen en plazas, puentes y calles, no obstante, han movilizado también a la otra mitad de los 7,5 millones de residentes de Cataluña que desean mantener los lazos centenarios con el resto de España.

“Brigada de limpieza” formadas por voluntarios que se reúnen unas pocas veces al mes están retirando esos lazos de todos los sitios que son propiedad pública, aunque no tocan las banderas y carteles que cuelgan de los balcones de las casas de separatistas.

“Dicen que usan espacios públicos en nombre de los ‘presos políticos’, pero para nosotros es todo lo contrario”, afirmó José Casado, portavoz de las brigadas.

“Esta gente la ha hecho daño a Cataluña y trató de llevar a cabo un golpe de estado. Apoyan a gente que ha hecho que las familias se peleen entre ellas mismas”, sostuvo Casado, un instructor de boxeo de la ciudad costera de Mataro.

Los miembros de las brigadas actúan de noche, cubriéndose los rostros con mascarillas y gafas de protección, en parte para proteger su identidad.

“Si (los separatistas) se dan cuenta de quién eres, marcan la puerta de tu casa, tiran pintura sobre tu auto y diseminan tu información personal en las redes sociales”, aseguró Casado.

Los dos bandos tienen muchas cosas en común, incluida la convicción de que han sido agraviados: los separatistas sienten que son maltratados por el gobierno y los tribunales españoles, mientras que los unionistas dicen que son satanizados por las autoridades catalanas.

Las brigadas sostienen que están llenando el vacío dejado por las autoridades, que permiten que los separatistas se apropien de espacios públicos para promover sus ideas.

El presidente regional de Cataluña Quim Torra luce siempre un lazo amarillo en su solapa. Y en la sede del gobierno catalán y de la municipalidad de Barcelona hay grandes lazos amarillos. Los empleados municipales de la limpieza no retiran los lazos de ningún sitio.

“No deberíamos tener que hacer esto, que es trabajo”, dijo Casado. “Pierdes horas de sueño, tiempo con tu familia. No es justo. Benefician a un bando”.

Por ahora, los encontrones entre adversarios generan mayormente debates callejeros y griteríos. Pero tres personas resultaron heridas en un enfrentamiento en la localidad costera de Canet de Mar en mayo, cuando el grupo de Casado trató de retirar cruces amarillas de la playa.

El mes pasado, por otro lado, una mujer denunció ante la policía haber sido golpeada por un individuo que se molestó porque retiraba lazos en Barcelona.

En una carta publicada por el diario El Periódico el mes pasado, Torra dijo que los grupos que retiran los lazos son “fascistas violentos”.

La fiscal general de España María José Segarra dijo que su despacho considera que tanto la colocación de los lazos como su retiro están protegidos por la libertad de expresión.

Es previsible que las tensiones aumenten. Importantes políticos de centro-derecha participaron recientemente de la remoción de lazos, diciendo que el gobierno socialista de España es demasiado blando con los separatistas.