BRUSELAS (AP) — En el año transcurrido desde los ataques en el aeropuerto y el tren subterráneo de Bruselas, los sobrevivientes han pasado dificultades, tratando de convencer al gobierno de que los reconozca como víctimas y les pague compensación, y discutiendo con las compañías aseguradoras sobre el precio de los tratamientos.

Los ataques mataron a 32 personas e hirieron a más de 300; un año después, unas 900 personas se consideran víctimas y están pidiendo compensación, entre ellos familiares de víctimas, los heridos, y los traumatizados por el evento.

"Sentimos como que nos tenemos que poner de rodillas, los que aún tenemos rodillas, y rogar que nos ayuden", expresó Philippe Vansteenkiste, cuya hermana Fabienne murió en el aeropuerto Zaventem de Bruselas. Actualmente Vansteenkiste está liderando las gestiones para que el gobierno reconozca como víctimas a los sobrevivientes, y para que les ayude en asuntos de compensación y de herencia.

Los ataques, atribuidos al grupo que se hace llamar Estado Islámico, ocurrió en la hora de máximo tráfico el 22 de marzo del 2016. Un año después, los sobrevivientes aún están enfrentando las repercusiones, aunque cada uno de manera distinta. Pero para todos, este 22 de marzo será otro día de prueba, de lucha por sobrevivir.

Andre Pinto es un chofer de autobús para la empresa STIB. Estaba tomando el tren subterráneo para hacer el turno de un colega cuando Khalid el-Bakraoui detonó su mochila llena de explosivos poco después de las 9 en la estación de Maelbeek, en el vagón adyacente al suyo.

Desorientado por el estallido, ensordecido por el estruendo y adolorido por una herida en una pierna, Pinto forzó la puerta del vagón. No quiere hablar de lo que vio, pero habla de lo que hizo.

"Me puse a correr. Escuché que hubo una explosión en Zaventem, pensé que podría haber otra así que salí de allí", dijo Pinto. Aseveró que lo único en que pensaba era en su esposa embarazada y su hijo.

En el aeropuerto, como una hora antes, Sebastien Bellin tuvo pensamientos similares. El ex basquetbolista, que hoy en día vive en Battle Creek, Michigan, también salió corriendo cuando el estallido hizo colapsar el techo en el terminal de salidas. Pero él salió corriendo hacia las puertas de abordaje, convencido de que los demás iban en dirección equivocada y quizás caerían víctima de una segunda bomba. Ciertamente hubo una segunda bomba, pero no donde él creía.

"No creo que uno realmente se recupera jamás de heridas como estas", comentó. Un año después, tras varias operaciones en la cadera y la pierna, Bellin todavía anda enyesado y cojea cuando camina.

"Parte de la recuperación es enfocarse en lo positivo, y lo positivo es que tengo ambas piernas, estoy vivo, y eso es algo que no es cierto en cuanto a muchas otras de las víctimas de esos atentados", agregó.