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Escuelas para niños traumatizados por violencia y pobreza

July 31, 2019
La directora del New Song Community Learning Center de Baltimore, Lisa Brown, trabaja el 2 de julio del 2019 con Eli Stratton, un niño de cinco años, a quien le hace hacer ejercicios pensados para reducir el estrés. (AP Photo/Julio Cortez)
La directora del New Song Community Learning Center de Baltimore, Lisa Brown, trabaja el 2 de julio del 2019 con Eli Stratton, un niño de cinco años, a quien le hace hacer ejercicios pensados para reducir el estrés. (AP Photo/Julio Cortez)

BALTIMORE (AP) — Cuando se pasó a una nueva escuela hace dos años, Tinazsha Johnson se sintió muy estresada. La niña de sexto grado estaba compungida por la muerte de su madre. Su padre entraba y salía de la cárcel. Había sido testigo de episodios de violencia en su barrio y se sentía abrumada por tener que ayudar a sus abuelos con sus hermanitos menores.

Hoy, a los 15 años, la vida sigue siendo dura, pero después de cursar dos años en nuevas escuelas especializadas en niños traumatizados, está aprendiendo a lidiar con el estrés y el dolor, que son tan incesantes que hicieron que su cerebro pareciera a punto de estallar. Está mejor preparada para lidiar con conflictos, entender las emociones y regular su comportamiento.

“Siempre me estaba peleando, protestando y maldiciendo. Pero este último año me ha ido mucho mejor porque estoy aprendiendo a controlar mi enojo y a enfocarme en cosas positivas”, dijo Tinazsha en una entrevista en la escuela, que funciona todo el año y que es para ella un refugio, que la saca de las calles de su barrio, donde las paredes están pintadas con los nombres de jóvenes muertos.

En ciudades donde abunda la violencia, como Baltimore, las autoridades escolares se están dando cuenta de que los traumas crónicos durante la infancia afectan el desarrollo del cerebro y generan problemas físicos y de comportamiento. Por ello han creado escuelas con programas para menores traumatizados, tanto en distritos grandes como Chicago y San Francisco, como en otros de estados como Iowa y Wisconsin.

Los problemas de Baltimore enfocaron la atención del país cuando el presidente Donald Trump dijo el sábado en un tuit que el distrito del representante Elijah Cummings, de mayoría negra --que incluye el barrio donde vive la familia de Tinazsha--, es un “caos repelente, infestado de ratas y roedores”, en el que “ningún ser humano querría” vivir.

Trump fue muy criticado y muchos le echan en cara que no hizo nada por ayudar Baltimore a salir adelante.

En Baltimore, la necesidad de confrontar los traumas de la niñez y de tratar la salud mental de los escolares se puso de manifiesto en el 2015, cuando la muerte de un joven negro bajo custodia policial desató una ola de protestas y los disturbios más graves que vivió la ciudad en décadas. La muerte de Freddie Gray enfocó la atención en la pobreza, la desigualdad y la delincuencia que azotan grandes sectores de Baltimore desde hace décadas.

“Nos ayudó a comprender que nuestra ciudad está en crisis”, dijo James Padden, funcionario de educación de Baltimore, una ciudad mayormente negra con niveles de pobreza que son dos veces el promedio nacional.

Con la ayuda de 2,3 millones de dólares que el gobierno nacional asignó en el 2016, las autoridades transformaron 13 escuelas públicas de West Baltimore en escuelas para niños con traumas, donde tienen acceso a expertos en salud mental, ejercicios de respiración y de concientización, y a “rincones de paz”, con almohadas y libros de ejercicios en los que los chicos pueden relajarse. Personal de las escuelas, por otro lado, trata de crear relaciones con los padres o custodios de los chicos.

El New Song Community Learning Center al que va Tinazsha se encuentra en pleno Sandtown-Winchester, el viejo barrio de Gray, donde hay mercados de drogas al aire libre que llenan un vacío económico y helicópteros que sobrevuelan constantemente. La escuela ofrece un ambiente cálido y estructurado, en el que durante los recesos trabajan chicos de edad más avanzada que se preparan para ir a la universidad.

Cuando se pidió dinero al gobierno, unos 4.600 chicos asistían a escuelas para niños traumatizados, un 5,5% de la población estudiantil de Baltimore, que es de 84.000 alumnos. Y se estima que muchos más podrían beneficiarse de escuelas de este tipo.

El subsidio del gobierno vence este año. Con los fondos que quedan las autoridades escolares tratan de capacitar a maestros y empleados para que puedan detectar y responder a las necesidades de jóvenes traumatizados.

El director ejecutivo del New Song, Mark Carter, dice que se maravilla ante la fortaleza de los estudiantes. Muchos tienen infancias marcadas por la pobreza, la delincuencia y otros flagelos. Hace pocas semanas el sistema escolar homenajeó a una docena de alumnos de entre siete y 18 años muertos tras recibir balazos en este año académico.

“Nos encantaría que nuestros chicos tuviesen infancias normales. Pero el barrio y a veces las circunstancias de sus familias no lo permiten”, dijo Carter. “Por eso nos manejamos en un mundo en el que tratamos de alentar expectativas académicas, pero al mismo tiempo sabemos que, por ejemplo, a los nueve años no tendrías que ocuparte de tus hermanos y hermanas por la desintegración de tu familia”.

Patrick Sharkey, sociólogo de la Universidad de Princeton, dijo que los chicos “van a las aulas con la carga de violencia que llevan con ellos”, la cual les impide dormir bien y concentrarse.

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