Si se trata de películas sobre osos en Londres este año, parece que nuestros corazones han tenido demasiado.

La desgracia de "Christopher Robin", que se estrenó el fin de semana, no es que llegue a la pantalla un año después de "Goodbye Christopher Robin", una historia sentimental sobre el autor de Winnie the Pooh A.A. Milne y su hijo, Christopher Robin Milne, sino que lo haga unos meses después de la brillante "Paddington 2".

Pero para quienes prefieren miel antes que mermelada, "Christopher Robin" es una fábula más gentil y melancólica sobre recuperar la alegría de la infancia cuando se es adulto con la ayuda de un osito inocente.

Resulta revelador que en la dulce y comparativamente más sombría cinta de Marc Forster, la más notoria de las criaturas peludas de Milne —todas hechas de manera digital como animales desgastados de peluche— sea el viejo y triste Igor (con la voz de Brad Garrett en la versión original), cuyos diálogos son los que provocan casi cada risa en la cinta.

El humor nunca ha sido el fuerte de Forster ("Finding Neverland", ''Quantum of Solace"), así que no esperen que "Christopher Robin" tenga las travesuras de Tigger o a un oso goloso atorado en una puerta. Forster, en vez, ha creado un drama de posguerra meticulosamente hermoso — quizá uno más apto para adultos que para niños — inclinándose más a “The Velveteen Rabbit” ("El conejo de terciopelo") de Michael Landon Jr. que a una caricatura infantil.

Hay una especie de resarcimiento con el cambio de estilo. El verdadero Christopher Robin lamentó la disneyficación de los personajes de su padre y nunca aceptó las regalías.

Y en este caso, al igual que con la cinta de Disney "Pete's Dragon" (“Mi amigo el dragón”) de 2016, hay un grupo inesperado de cineastas independientes detrás de esta nueva versión relativamente modesta con actores reales. Alex Ross Perry ("Listen Up Philip"), Tom McCarthy ("Spotlight") y Allison Schroeder ("Hidden Figures") escribieron el guion.

En las primeras escenas en el Bosque de los Cien Acres, Pooh y el resto de la pandilla le hacen al pequeño Christopher Robin una fiesta de despedida. Christopher dice que no se olvidará de sus amigos ni cuando tenga 100 años, pero tras un montaje presentado como los capítulos de un libro, ha hecho todo lo contrario. Es un hombre casado que vive en Londres con su esposa Evelyn (Haley Atwell) y su hija Madeline (Bronte Carmichael), y además tiene un trabajo estresante como supervisor de eficiencia para una empresa de equipaje en un enorme edificio gris.

Las exigencias de su trabajo le han quitado toda la diversión a Christopher Robin (Ewan McGregor), cuyo segundo nombre ha sido convertido en apellido en la película. No ha sonreído mucho en años, dice Evelyn. Y en un fin de semana especialmente crucial para su trabajo, Pooh sale del portal del Bosque de los Cien Acres al jardín de la casa de Christopher Robin.

Su voz es instantáneamente reconocible (el veterano de Pooh, Jim Cummings, la hace en inglés, al igual que a Tigger), aunque luce un poco diferente. Como el resto de los personajes, Pooh parece más un oso de felpa que en sus versiones anteriores y esta es un poco más encrespada que la de las ilustraciones de E.H. Shepard. Los efectos digitales hacen que parezcan peluches hechos a mano, impresionantemente tangibles, pero (fuera de Búho) les faltan ojos vivaces.

Esto hace que la pandilla, que también incluye a Piglet, Conejo, la mamá canguro Cangu y su hijo Rito, siempre parezcan secundarios al lado de McGregor. Naturalmente Christopher regresa al Bosque de los Cien Acres, donde sus prioridades vuelven a cobrar orden. Ahí aprende de nuevo el valioso consejo de Pooh de que “hacer nada a veces lleva a mejores cosas”.

Todo encaja demasiado bien, es demasiado predecible y muy Disney. Pooh y sus amigos siempre han sido un maravilloso grupo neurótico, pero en la versión pulida de Forster están un poco sofocados, un poco sin vida. Cualquier parecido con el brillo de la infancia se queda solo en lo teórico. Definitivamente no es una buena señal que Igor se robe el show. Al ver "Christopher Robin" no pude dejar de sentirme un poco como Tigger cuando llega a Londres y se pregunta “¿por qué nadie está rebotando?”.

"Christopher Robin", de Walt Disney Co., tiene una clasificación PG (que sugiere cierta orientación parental) de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) por algunas escenas de acción. Duración: 104 minutos. Dos estrellas y media de cuatro.

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Jake Coyle está en Twitter como http://twitter.com/jakecoyleAP