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India quiere transmitir sensación de calma en Cachemira

August 29, 2019
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Esta imagen tomada de un video distribuido el 10 de agosto de 2019 por el gobierno de Jammu y Cachemira pretende mostrar que la vida regresa a la normalidad en Srinagar, Cachemira india. La leyenda en inglés al pie dice Cachemira hoy. (Gobierno de Jammu y Cachemira via AP)
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Esta imagen tomada de un video distribuido el 10 de agosto de 2019 por el gobierno de Jammu y Cachemira pretende mostrar que la vida regresa a la normalidad en Srinagar, Cachemira india. La leyenda en inglés al pie dice Cachemira hoy. (Gobierno de Jammu y Cachemira via AP)

NUEVA DELHI (AP) — Poco antes de la medianoche en vísperas del mayor cambio político de las últimas décadas en la Cachemira gobernada por la India, las autoridades bloquearon el acceso al internet, la telefonía tanto móvil como fija y la TV por cable en la disputada región habitada por 12,5 millones de personas.

El 5 de agosto, el gobierno nacionalista hindú del primer ministro Narendra Modi presentó un decreto al Parlamento para revocar la autonomía del único estado indio con mayoría musulmana. Al día siguiente, el legislativo aprobó una ley que divide al estado de Jammu y Cachemira en dos territorios federales.

Funcionarios del gobierno han llenado el vacío de las comunicaciones con mensajes de que los cambios gozan de aceptación generalizada en Cachemira, la India y el mundo, pero esa imagen no ha resistido el examen.

Al distribuir fotos y videos con música tradicional cachemirí pero sin voces _lo que evoca los noticieros cinematográficos durante las guerras del siglo XX_, el ministerio del Exterior indio afirma que la vida regresa a la normalidad. Los informes independientes sugieren otra cosa.

Cachemira es un territorio en disputa desde 1947, cuando India y Pakistán se independizaron del dominio británico. Ambos reclamaron el territorio, libraron dos guerras y ahora cada uno administra una parte.

Los rivales, ambos con arsenales nucleares, estuvieron nuevamente al borde de la guerra en febrero cuando un ataque suicida con bomba en la parte india mató a 40 efectivos paramilitares. Nueva Delhi respondió con el bombardeo de un supuesto campo de entrenamiento terrorista en Pakistán.

La intención de la respuesta era demostrar la intransigencia de Modi sobre Cachemira, donde los soldados están autorizados a disparar sobre las protestas civiles con canicas y perdigones. Algunos manifestantes han perdido la vista.

El bloqueo de las comunicaciones es algo habitual en la India, sobre todo en el territorio del Himalaya, donde la mayoría de la gente se opone al régimen y quiere la independencia o la fusión con Pakistán.

La India es líder mundial en bloqueos de acceso al internet, de acuerdo con la ONG estadounidense Freedom House, con 340 bloqueos desde 2014. Más de la mitad de éstos _55 en lo que va de este año_ se produjeron en Cachemira, según el Centro Legal de Libertad Informática con sede en Nueva Delhi.

El gobierno suele interrumpir el servicio de internet cuando prevé un alzamiento, invocando una ley colonial británica de 1885 que suspendía el telégrafo “en bien de la seguridad pública y el mantenimiento del orden público”, dijo el director ejecutivo del centro, Sundar Krishnan.

Estas interrupciones tienen un efecto multiplicador al trastornar los negocios y la educación, además de desmoralizar a la gente.

“Además de obstruir el flujo libre de la información, paraliza muchos elementos de una sociedad moderna”, dijo Krishnan.

A principios de agosto, cuando Nueva Delhi envió decenas de miles de soldados a reforzar su control en una de las regiones más militarizadas del mundo, la cancillería india llevó a los periodistas extranjeros, incluido un reportero de Associated Press, a un sitio de peregrinación hindú en otra parte de la región. Las autoridades dijeron que la prensa podría ver un aspecto de Cachemira más allá de las protestas y los enfrentamientos.

Días después, el gobierno evacuó a los peregrinos y bajó el telón sobre las comunicaciones. Desde entonces no se ha permitido el ingreso de periodistas extranjeros a Cachemira.

El 7 de agosto, cuando ya regían el toque de queda y la prohibición de efectuar reuniones públicas, un video noticioso mostró una manifestación caótica con ruido de armas de fuego.

En un tuit, la policía de Jammu y Cachemira calificó el video de “totalmente fabricado e incorrecto”, una descripción repetida por los ministerios indios del Interior y el Exterior.

“La situación es de calma, la gente coopera y se mitigan las restricciones para aliviar la situación”, tuiteó la policía.

La vocera de la cancillería, Garima Paul, publicó un enlace a una entrevista televisada en la cual el inspector general de la policía cachemirí, S.P. Sani, rechazó los informes de prensa de que la policía había disparado sobre la gente.

El gobierno reconoció posteriormente que el video noticioso no era falso, pero insistió que no se habían producido manifestaciones de más de 20 personas a pesar de las pruebas filmadas que demostraban lo contrario.

El 10 de agosto, al comenzar el festival musulmán de Eid al-Adha, el ministerio del Exterior difundió una cantidad de fotos y videos. En uno se mostraba una vista aérea de un puente con intenso tránsito vehicular. En otro aparecía una concurrida plaza pública en Srinagar, la ciudad principal de la región y en otro más una intersección con mucho tráfico camino del lago Dal, la célebre atracción turística de la zona. Otro llevaba la leyenda Pulwama, uno de los distritos donde reina mayor malestar, y mostraba actividad febril en las calles, sin un soldado o barricada a la vista.

Ninguna de esas escenas se condice con los informes periodísticos independientes.

Se levantó brevemente el toque de queda para las oraciones musulmanas del viernes, pero al día siguiente mucha gente permaneció en sus casas, y la mayoría de los negocios y las clínicas permanecieron cerrados.

Otro conjunto de imágenes distribuido por la cancillería el 12 de agosto mostró varones de distintas edades arrodillados en oración frente a varias mezquitas en Jammu y Cachemira. Pero algunas de las más grandes estaban cerradas, y otras en los videos del gobierno estaban mal rotuladas: las supuestas mezquitas de Cachemira estaban en Jammu, donde la población mayoritariamente hindú apoya las medidas del gobierno.

Temeroso de que el mundo recibiera una imagen distorsionada, la directora ejecutiva del diario Kashmir Times, Anuradha Bhasin, peticionó a la Corte Suprema que pusiera fin a las restricciones, que según ella obstaculizaban el trabajo de su gente. La corte ordenó al gobierno el miércoles que respondiera a la petición en siete días.

Al impedir el trabajo de los periodistas en la región, dijo Bhasin, la cobertura de Cachemira ha sido abrumadoramente tendenciosa a favor de Modi.

“El gobierno tiene su propio departamento de publicidad, pero por encima de eso, están esos grandes canales de televisión con mucho dinero, están esos sectores de la prensa impresa que trabajan como extensiones virtuales del departamento de publicidad del gobierno”, dijo a la Associated Press.

“También presentan un panorama unilateral”, añadió.

El Consejo de Prensa de la India, un organismo de vigilancia cuya tarea estatutaria es velar por la libertad de prensa, ha tratado de intervenir en el caso de Bhasin con su propia petición, en la que defiende la veda “por el bien de la integridad y la soberanía de la nación”.

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