Gracias al enorme alcance de las redes sociales y al hecho de que en casi todas las sociedades hay violencia sexual, el movimiento #yotambién se ha transformado en un fenómeno global. Su impacto, no obstante, varía de país en país: En algunos casos es enorme, mientras que en otros es mínimo.

Ningún otro país ha experimentado un sacudón tan grande como Estados Unidos, la cuna del movimiento. Cantidades de hombres prominentes, incluidos políticos, periodistas y gente del cine, perdieron sus trabajos y sus reputaciones tras ser acusados de acoso sexual.

A dos días del Día Internacional de la Mujer, que se festeja el jueves, las repercusiones de este alzamiento son mixtas.

En Europa occidental, algunas figuras han sido desacreditadas y se están preparando nuevas leyes contra el acoso. A nivel mundial, el panorama cambia y ha habido mujeres que son criticadas por hacer denuncias, divisiones entre las feministas y no ha pasado nada con muchos acusados. Y en numerosas naciones, incluida Estados Unidos, el movimiento ha incorporado mayormente a mujeres profesionales, bien educadas, y no a mujeres pobres.

En algunos países donde el movimiento no tomó impulso hay quienes dicen que ello se debe en parte a que hay resistencia a las tendencias culturales de Estados Unidos.

“Ojala todo esto no hubiera empezado en Estados Unidos”, comentó Anne Marie Goetz, profesora de asuntos internacionales de la Universidad de Nueva York y quien trabajó como asesora de asuntos de mujeres en las Naciones Unidas.

En China, el debate en torno a #yotambién ha sido censurado en las redes sociales y catalogado como un movimiento desestabilizador que vienen del extranjero.

El hashtag proliferó en enero, luego de que Luo Xixi, una académica que ahora trabaja en Estados Unidos, acusó a un renombrado profesor de Beijing de una conducta sexual inapropiada cuando ella estudiaba. Otras mujeres hicieron denuncias similares y el profesor fue despedido. Pero no está claro qué impacto puede tener el movimiento ante la resistencia del gobierno.

En la India, denuncias de acoso contra más de 60 académicos generaron divisiones entre las feministas. Una joven que estudia derecho en Estados Unidos publicó en Facebook una lista de presuntos agresores sexuales creada con el aporte de estudiantes de la India. La lista contenía pocos detalles sobre las denuncias y sobre las denunciantes, y muchas mujeres la consideraron injusta.

“Aquí prevalece la cultura del silencio”, afirmó Sudarshana Kundu, activista de la causa de la igualdad de género. “Las organizaciones temen por su credibilidad y recomiendan a sus empleadas que no hagan denuncias y busquen en cambio mediaciones”.

Tal vez ningún otro país haya tenido una reacción más compleja a #yotambién que Francia, donde muchos hombres que fueron denunciados conservan su trabajo y su status social. Y las feministas se dividieron. La actriz Catherine Deneuve firmó una carta en la que se tilda de puritanas a las mujeres que denuncian acosos, aunque posteriormente ofreció una disculpa al arreciar las críticas en su contra.

En Gran Bretaña, los organizadores decidieron suspender una función benéfica anual solo para hombres luego de que el diario Financial Times revelase que muchas meseras, a quienes se exigía lucir faldas cortas y tacos altos, fueron manoseadas por ejecutivos que asistieron al encuentro en enero.

Denuncias de acoso forzaron la renuncia del secretario de defensa Michael Fallon el año pasado.

Incluso en países nórdicos donde se supone hay mayor igualdad de género hubo revuelo por #yotambién. En Islandia y Suecia las mujeres lanzaron campañas para generar conciencia sobre el acoso sexual.

En muchas partes del mundo, incluidas África y buena parte de América Latina, el movimiento #yotambién casi no se hizo sentir. Las naciones de estas regiones tienen generalmente limitados sistemas de apoyo para las mujeres que denuncian agresiones sexuales.

Numerosas brasileñas se pronunciaron contra el acoso sexual durante el reciente carnaval y se organizaron fiestas barriales en las que se admitía grupos musicales integrados solo por mujeres y abundaron las consignas tipo “mis pechos, mis reglas”. Pero el movimiento no cobró fuerza en Brasil, que tiene una de las tasas de feminicidios más altas del mundo.

En Sudáfrica, otra nación con altas tasas de violencia contra las mujeres, las feministas están frustradas porque los hombres sobre los que pesan denuncias de acoso no sufren consecuencia alguna.

“Hace falta una mayor toma de conciencia, movilizarse y que rindan cuentas”, expresó Shaazia Ebrahim en un artículo publicado online.

El fatalismo de muchas sudafricanas se reflejó en una serie de entrevistas que hicieron estudiantes noruegos recientemente.

“Es la cultura”, manifestó Sebatso Mafisa, de 24, años. “Y no hay nada que puedas hacer como mujer”.

Para Goetz, profesora de la NYU, el futuro de #yotambién podría depender de cómo hace frente a las divisiones que están surgiendo.

“Hace falta solidaridad sin distinciones, ricos o pobres, blancos o negros, norte o sur”, afirmó. “Si hay una explosión de #yotambién, te sientes amparada por los números, y hay abundante evidencia de que esto es un problema real, no un individuo que inventa cosas”.

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David Crary está en http://twitter.com/CraryAP