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La extrema derecha busca aceptación en España, a paso lento

November 22, 2018
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En esta imagen del miércoles 14 de noviembre de 2018, el presidente del partido Vox de extrema derecha, Santiago Abascal, al centro, participa en un mitin en Murcia, España. (AP Foto/Emilio Morenatti)

MURCIA, España (AP) — Observando a la distancia mientras la policía rodeaba a un grupo de manifestantes que gritaban ”“¡Fuera fascistas!”, Encarna Sánchez dudó si unirse a un mitin político organizado por el partido Vox de extrema derecha.

“No soy ni racista ni fascista”, aseveró el ama de casa de 62 años, que vive en un vecindario de la ciudad de Murcia, en el sur de España, a la que ha llegado una numerosa comunidad de migrantes. “Yo simplemente estoy aquí para escuchar qué es lo que tienen que decirnos sobre cómo hacer más segura nuestra ciudad. Los de Vox por lo menos lo consideran. Ningún otro político está interesado en defender nuestra casa”.

Los suburbios descuidados de clase trabajadora y las zonas rurales de alto desempleo son los sitios en los que el partido euroescéptico, antifeminista y firmemente patriota trata de captar apoyo que lo pueda sacar de la sombra en un país que ha sido lento para aceptar a la extrema derecha.

El último legislador de extrema derecha de España perdió su escaño en el Parlamento en 1982. Desde entonces los académicos han atribuido su ausencia a los dolorosos recuerdos de la prolongada dictadura de derecha del país y a la prominencia del conservador Partido Popular en todo el panorama político, desde el centro a la derecha. Apenas recientemente el PP ha cedido terreno al partido Ciudadanos, un nuevo grupo de centroderecha cuya popularidad ha ido en ascenso como oposición a los partidos regionalistas en Cataluña y otras provincias.

Pero algunos vieron caer esa barrera cuando Vox obtuvo 1,4% de los votos en las encuestas oficiales del mes pasado, metiendo al partido de cuatro años de antigüedad en la pelea por un lugar en la cámara baja del Parlamento en las elecciones generales planeadas para antes de 2020.

“Aunque solo sea un escaño, la tribuna del Parlamento es una catapulta extraordinaria para dirigirnos a todos los españoles”, declaró el presidente de Vox, Santiago Abascal, a The Associated Press, al resumir un plan para usar como plataforma una elección regional andaluza que se llevará a cabo en 10 días y una votación del Parlamento Europeo en mayo del próximo año.

“No hay ningún techo como el que nos quieren poner aquellos que dicen que estamos en la esquina de la política o en el extremismo político”, indicó un desafiante Abascal, de 42 años. “Somos un partido nacional que se manifiesta con mucha claridad sobre las cosas que la gente habla en casa, cuando están comiendo con su familia, con sus amigos”.

Hijo de una familia atacada por el grupo separatista ETA en su natal región vasca, Abascal se niega a perder el tiempo respondiendo a quienes lo tachan de fascista, racista, instigador de miedos y populista de extrema derecha, todo lo cual minimiza como simples intentos de estigmatizar su movimiento.

Frecuentemente los políticos de Vox son ridiculizados por los medios por su defensa de todo aquello que sea español, del toreo a la monarquía, y la nostalgia por acontecimientos históricos como la expulsión de los musulmanes del reino de Castilla en el siglo XV y la colonización del continente americano.

En un discurso en un abarrotado auditorio de Murcia ante cerca de 1.500 simpatizantes, Abascal fue un paso más allá al exhortar a los “países árabes ricos” a recibir a los migrantes musulmanes “que piensan como ellos y que quieren imponer la Sharia (la ley islámica)”.

“Nos negamos a que vengan aquí a decirnos que en nuestras escuelas no se puede comer jamón”, arremetió Abascal, recibiendo el aplauso de los presentes. Afuera, la policía dispersaba a los manifestantes que ondeaban banderas de arcoíris y portaban carteles en apoyo a la igualdad de género.

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