HOMS, Siria (AP) — En la emblemática Plaza del Reloj de Homs donde estallaron algunas de las primeras manifestaciones contra el gobierno sirio en 2011, hay un enorme cartel que muestra al presidente, Bashar Assad, sonriendo y saludando con el brazo derecho con el mensaje “Juntos reconstruiremos”.

Cuatro años después de que el ejército recuperase el control de la mayor parte de la ciudad, el gobierno ha iniciado sus primeros proyectos organizados de reconstrucción en Homs, donde tiene previsto levantar cientos de edificios de apartamentos en tres barrios del devastado centro de la ciudad.

Es un pequeño comienzo para la gigantesca tarea de reconstruir Siria tras siete años de guerra, en los que ataques aéreos y bombas de barril redujeron a escombros infraestructuras y ciudades enteras.

El gobierno estima que la reconstrucción constará unos 200.000 millones de dólares y llevará 15 años. Como en la vecina Irak, que sufre una devastación similar tras la guerra contra el grupo extremista Estado Islámico, nadie ofrece mucha ayuda para financiar el proceso.

Además, la violencia no se ha detenido. Fuerzas del gobierno llevan 10 días bombardeando sin descanso Ghouta Oriental, una serie de poblaciones al este de Damasco, en una gran ofensiva para aplastar a los rebeldes que controlan la zona.

Cientos de personas han muerto y aún más edificios han quedado destrozados en una comunidad ya golpeada por años de asedio.

Al mismo tiempo, apenas a 10 kilómetros (6 millas) del otro lado de Damasco, trabajadores del gobierno han empezado a despejar escombros en Daraya, otro suburbio asolado por un largo asedio, para iniciar la reconstrucción.

La cuestión de quién reconstruirá Siria se ha convertido en parte del tira y afloja entre Assad y sus rivales.

El gobierno puede cubrir entre 8.000 millones y 13.000 millones de los costes de reconstrucción, según el asesor económico del gabinete, Abdul-Qadir Azzouz. De modo que Damasco dice que necesitará a la comunidad internacional. Pero también dice que solo se permitirá participar a aquellos que “apoyaron” a Siria, en referencia a sus principales aliados, Rusia e Irán.

Probablemente, eso implica que los lucrativos contratos de obra se entregarán a empresas privadas de esos países, y puede que también de China.

La comunidad internacional, por su parte, afronta un dilema. Quiere estabilizar Siria para permitir que millones de refugiados regresen a casa, y cuando más tiempo lleve la reconstrucción, menos probable será que vuelvan.

Pero cualquier apoyo a las obras en Siria reforzaría a Assad y se consideraría como contribuir a la normalización y legitimación de su gobierno. Además, es improbable que un país rico en petróleo como Arabia Saudí invierta en un país respaldado por su gran rival regional, Irán.

“Hay pocas posibilidades de que ocurra cualquier proceso de reconstrucción a menos que se alcance un amplio acuerdo político, lo que es muy improbable”, escribió hace poco Jihad Yazigi en Syria Deeply. “Los países e instituciones que tienen el dinero y que de forma tradicional financian estos esfuerzos financieros a gran escala, como los países del Golfo Pérsico, la Unión Europea, Estados Unidos y, por medio de estos, el Banco Mundial, desde luego han perdido la guerra siria”.

Las autoridades estadounidenses dicen que Washington no trabajará con el gobierno de Assad y describen su mandato como ilegítimo.

“Hasta que haya un proceso político creíble que pueda llevar a un gobierno elegido por el pueblo sirio, sin Assad al timón, Estados Unidos y nuestros aliados no asistirán a la reconstrucción en zonas controladas por el régimen”, dijo el mes pasado el asistente en funciones del secretario de Estado, David Satterfield, ante el Comité de Asuntos Exteriores del Senado.

Incluso Rusia e Irán, aliados de Assad, están cortos de efectivo para financiar una campaña masiva de reconstrucción. El enviado especial de China a Siria, Xie Xiaoyan, expresó su cautela y pidió que no se esperase que su país cargara con el grueso de la operación.

“Las tareas por delante son abrumadoras”, dijo en diciembre durante una ronda de negociaciones de paz en Ginebra. “Unos pocos países no pueden emprender todos los proyectos. Hace falta un esfuerzo coordinado de la comunidad internacional”.

Entre tanto, decenas de miles de millas cuadradas de suelo urbano siguen en ruinas.

Imágenes recientes tomadas por Associated Press con un dron en Daraya, a las afueras de Damasco, y en la ciudad de Aleppo muestran escenas de destrucción que recuerdan a las imágenes de la II Guerra Mundial. Aleppo Oriental, donde vivían casi 1,5 millones de personas antes de la guerra, sigue en gran parte vacía y ruinosa un año después de que fuera arrebatada a los rebeldes. Las pequeñas renovaciones en edificios del gobierno y lugares históricos apenas hacen mella en la devastación.

Naciones Unidas analizó imágenes por satélite de seis de los siete distritos de Ghouta Oriental, una zona con una población de unas 400.000 personas antes del conflicto, y encontró más de 6.600 edificios dañados, de los cuales más de 1.100 estaban destruidos por completo. Y eso antes de la reciente ofensiva del gobierno, que ha allanado aún más viviendas y estructuras.

El gobierno sirio intenta conseguir financiamiento para la reconstrucción de empresarios y expatriados sirios, así como aliados internacionales. Ha impuesto una tasa de reconstrucción del 0,5% sobre algunos bienes y servicios, por ejemplo las cuentas de restaurante.

El proyecto de Homs da una idea de la escala de la tarea. El plan, que se pondrá en marcha este año, se centra en tres de los distritos más destruidos de la ciudad: Baba Amr, Sultanieh y Jobar. Reconstruirá 465 edificios que podrán alojar a 75.000 personas a un coste de 4.000 millones de dólares, según el gobernador de Homs, Talal al-Barrazi.

En un primer momento no estaba claro cuántas viviendas o apartamentos separados implicaba el proyecto, pero asumiendo que hubiera una media de cinco personas por hogar, eso supondría unas 15.000 viviendas. Es menos de la mitad de las 35.000 que se estima quedaron destruidas en la ciudad. Y está lejos del millón de casas que necesitará el país, según Al-Barrazi.

Durante los últimos cuatro años, casi todas las labores de reconstrucción han sido obra de personas individuales, con algo de ayuda de Naciones Unidas.

En el devastado distrito de Khaldiyeh, en Homs, varios carpinteros reparaban las puertas y ventanas del departamento de Mohammed Bayraqdar. Las paredes en el interior, e incluso las lámparas de techo, seguían negras por los combates.

Este vendedor de café, de 38 años, huyó del barrio en 2011 y se instaló con sus suegros en una zona de la ciudad controlada por el gobierno. El año pasado informó a la municipalía de que quería regresar a casa. Una vez los arquitectos del gobierno comprobaron que el inmueble era habitable, comenzaron las labores de reparación con ayuda de un programa de la ONU.

El gobierno de Assad controla más de la mitad de Siria, incluidas las ciudades más grandes y principales centros de población.

Salvo por algunos territorios aislados aún bajo control rebelde, la mayor parte del resto del país está en manos de fuerzas kurdas respaldadas por Estados Unidos, que arrebataron zonas al norte y este del país al grupo extremista Estado Islámico, incluida la que fuera la capital de facto de la milicia radical, Raqqa.

Los kurdos han hecho algo de reconstrucción, especialmente en Kobani, una localidad fronteriza de mayoría kurda. Según análisis de la ONU, más de la mitad de los edificios están dañados en 16 de los 24 distritos de Raqqa.

En el centro de Homs, Malek Traboulsi y su socio pagaron casi 400.000 dólares _lo que incluyó vender las joyas de sus esposas_ para renovar su restaurante, Julia Palace, que sufrió graves daños en la guerra. Reabrió en Navidad de 2016.

Algunas personas le advirtieron que estaba invirtiendo en lo desconocido. Pero Traboulsi dijo que no era capaz de vender la propiedad y marcharse de Siria.

“Este es mi país”, dijo en una tarde reciente mientras se movía entre las mesas, charlando con los clientes. “Aquí es donde respiro, donde está mi vida, y no puedo vivir en ningún otro sitio”.

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El periodista de Associated Press Albert Aji contribuyó a este despacho.