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Hinduismo le abre las puertas a famoso transgénero en India

January 30, 2019
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El activista transgénero Laxmi Narayan Tripathi, fundador de la orden monástica Kinnar, participa en una procesión durante el festival Kumbh Mela en Allahabad, India, el 15 de enero del 2019. (AP Photo/Bernat Armangue)

PRAYAGRAJ, India (AP) — Laxmi Narayan Tripathi se aplica expertamente delineador en los ojos mientras conversa sobre asuntos religiosos con importantes figuras hindúes y recibe una cola inacabable de visitantes que quieren tocar sus pies y que los bendiga.

Es uno de los activistas transgéneros más conocidos de la India, estrella de la reality TV de Bollywood y ex representante de Asia y el Pacífico ante las Naciones Unidas, y trata de aprovechar el énfasis que pone el partido nacionalista de gobierno en la herencia hindú para darle cabida a la comunidad transgénero entre la elite religiosa, generando admiración y condenas al mismo tiempo.

Su nueva akhra (orden monástica) Kinnar se hizo presente en el Festival Kumbh Mela, que dura una semana e incluye una serie de baños rituales que rotan entre cuatro sitios cada tres años y atrae a decenas de millones de peregrinos hindúes.

El campamento Kinnar está adornado con imágenes de Ardhanari, una figura mitad hombre, mitad mujer que representa al dios hindú Shiva y a su consorte Parvati, que según los expertos datan del siglo 1.

Si bien los hijras --término que usan los indios para describir a los eunucos, la población andrógina y los transgéneros-- fueron una parte integral de la antigua sociedad hindú descripa en las escrituras sagradas de esta religión, los Vedas, han sido marginados en la India moderna, abandonados por sus familias de niños y a menudo vendidos por traficantes que los prostituyen.

Las familias hindúes conservan la vieja práctica de pagarles a los hijras para que bailen en bodas y nacimientos pues consideran su presencia algo auspicioso, pero al mismo tiempo les niegan acceso a esos mismos rituales.

Una de las órdenes más ortodoxas, la de la akhara Juna, invitó a la Kinnar a participar en el primer baño real Kumbh --una procesión encabezada por un santo en la que la gente se mete en el agua de un río-- el 15 de enero. Desde entonces Tripathi ha estado peleando por el reconocimiento de la agrupación que gobierna las akharas.

Tripathi, quien es brahmán (la casta hindú más alta según los Vedas) de nacimiento, dice que decidió crear el akhara después de que la Corte Suprema dictaminase en el 2014 que los transgéneros eran un “tercer género” al que le cabían todos los derechos y protecciones de la constitución india.

“No era religioso para nada. Pero después de ese veredicto, y dado que yo ya tenía cabida en mi religión, me dije por qué debo buscar otra religión y no la de mi nacimiento”, expresó. “Lo mío es mío. Decidí recuperarla”.

A diferencia de otras akharas, que admiten solo hombres hindúes, Kinnar, fundada en el 2015, está abierta a todos los géneros y las religiones. En el primer día de baños del Kumbh, Tripathi encabezó una caravana de 21 carros antiguos tirados por tractores desde su campamento hasta las escaleras que llevan a la confluencia de los míticos ríos Ganges, Yamuna y Saraswati. Los devotos lo siguieron a pie y todos fueron rociados con pétalos de flores a su paso.

Una ausencia notable fue la de los naga sadhus, los ascetas hindúes desnudos y cubiertos de cenizas --otrora los custodios de la fe-- que encabezan las procesiones de las akharas los días en que hay baños reales.

Los miembros de la orden de Tripathi se bañaron en presencia de miembros de Juna.

“Bañarse con una de las órdenes monásticas más antiguas y ortodoxas... creo que es algo revolucionario”, comentó Ashok Row Kavi, presidente de la agrupación defensora de los derechos de la comunidad LGBT Humsafar.

Kavi, no obstante, considera que Tripathi “se colocó entre la espada y la pared” al desafiar por un lado la admisión solo de hombres en las akharas y al mismo tiempo apoyar a los nacionalistas hindúes que quieren construir un templo dedicado al dios King Ram en el sitio que ocupase una mezquita del siglo 16 que fue destruida por sectores intransigentes hindúes en 1992. Muchos hijras son musulmanes.

La campaña a favor del templo es parte de un esfuerzo que realiza el partido Bharita Janata de gobierno para afianzar al hinduismo como el eje de la herencia india, relegando a un segundo plano el multiculturalismo, derivado del hecho de que la India fue una escala importante de la Ruta de la Seda y de que estuvo gobernada por años por los musulmanes y por el imperio británico.

Los kinnar celebraron su inclusión en el Kumbh como una victoria, pero todavía deben ser aceptados plenamente por los líderes más importantes del hinduísmo.

Mahant Suresh Das, líder del akhra Digambar, una de las órdenes monásticas más grandes, dijo que solo se puede admitir 13 órdenes.

“Además, son hijras”, expresó. “No son ni hombre ni mujer. La naturaleza los castigó por sus faltas en sus vidas previas. Nosotros somos gente pura que sigue la antigua religión hindú. Los kinnars son impuros”.

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Banerjee informó desde Lucknow, India.

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